No podemos asumir y aceptar la corrupción
Ese tratado con delincuentes (impunidad a cambio de poder) es corrupción sin tapujos.
Esa autoamnistía exigida por los mismos amnistiados a Pedro Sánchez por su propio interés para seguir en el poder es corrupción institucional sin parangón.
Esta es la verdadera clave de la indecencia: los amnistiados (delincuentes y fugados) votando su propia amnistía (esto lo vemos todos en vivo y en directo, no hace falta que nos lo diga ningún juez), haciendo y votando las leyes que les convienen. Es inaudito en un mundo justo y civilizado.
Y los medios haciéndoles el juego. No denuncian con la suficiente contundencia este proceder. Me pregunto: ¿Qué ganan o pierden, si es cobardía o exigencias del guion putrefacto de una sociedad que exonera a delincuentes que quemaban, apedreaban policías incluso con saña, que asaltaban y saqueaban tiendas, aeropuertos, autopistas, calles; imponían terror y miedo... acompañado todo de desprecio por la Constitución y las normas de convivencia que nos dimos todos. Pues a estos terroristas callejeros que dieron un golpe de Estado en toda regla se les amnistía. Mientras estos mismos que borran esos delitos a delincuentes (incluido despilfarro público) otra corrupción, han liderado desde los ministerios la persecución contra un tipo (Rubiales) por darle un beso de euforia a una jugadora cuando celebraban un campeonato mundial. Estamos “pa’llá” como cornetas. Un beso (ese beso en concreto, no otro) merece cárcel; apedrear, saquear, incendiar y dar un golpe de Estado, el perdón.
Repitamos todos: pactar con delincuentes y fugados (impunidad a cambio de poder, además de otros pagos añadidos) es corrupción institucional sin límite.
Un Gobierno que hace una amnistía a medida de delincuentes en beneficio propio, exigida por los mismos amnistiados para apoyar ese Gobierno, es corrupción a la vista de todos. Dice poco de esta sociedad si aceptan tal indecencia que ataca los principios de igualdad ante la ley, pisotea el Poder Judicial, desprecia nuestra democracia y el Estado de derecho.
¿Conocéis algún país del mundo en que su presidente se reúna y se alíe con delincuentes para que estos le permitan gobernar? Es inaudito. Si tragamos esto, no merecemos existir. “Hay que defender la libertad y la justicia. La libertad para poder desarrollar nuestras capacidades, la justicia para que nadie intente robarnos la primera”.
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