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Sin habelo probao

31 de Enero del 2024 - Fernando Martínez Álvarez (Grado)

En los primeros años de nuestra vida todo surge complicado y difícil.

Y una vez que hayan pasado los años de la infancia más dependiente saldremos a una existencia totalmente desconocida.

Completamente indefensos fuera del ámbito familiar, los contactos externos van a retar nuestro incipiente sentido de la valentía, en esos primeros compases del desarrollo. Sin embargo nuestra indefensión es absoluta, pues no entendemos casi nada del mundo de los adultos.

A nuestra aún limitada capacidad de interpretación del lenguaje se añade una total impresión de asombro por lo nuevo que la vida nos presenta. Qué embrollada esa retahíla interminable, con todos esos extraños garabatos que llaman números. Y más todavía las enredadas relaciones que nos enseñan se pueden establecer entre ellos: el gran edificio matemático, en el que tan complejo es acceder a los pisos más altos.

Sin embargo, en complicación, las letras tampoco se quedan atrás. Ni sus enrevesados métodos de raras reglas gramaticales, la formación de las palabras, las relaciones entre ellas, las frases, los párrafos..., y podría parecer que la cosa, a pesar de embrollada, ardua y peliaguda acabara ahí..., pero no. En muchas ocasiones una palabra, una frase, dependiendo del tono en el que se diga, de la ocasión en la que se pronuncie, podrá significar algo diferente de lo que sus elementos constituyentes pudieran dar a entender. Sólo el paso del tiempo y la práctica en las distintas situaciones de la realidad irán proporcionando al joven hablante los conocimientos y la desenvoltura que le permitan desentrañar tal arcano.

Igual que aquel estudiante de Matemáticas conseguía progresivamente su ascenso, una tras otra, por las plantas del edificio de símbolos de la materia de su estudio, el hablante avanzará en el dominio de la lengua, sobre todo con su exposición permanente a ella.

P y C tenían siete y cinco años. Cuando viajaban con su padre en coche escuchaban algunas cintas de casete y enseguida sintieron adoración por aquel grupo llamado “Los Berrones”. Cuatro chavales de Tolivia, Laviana, que revolucionaron el mundo de la música desde finales de los ochenta. Su forma de componer y tocar fue rápidamente clasificada por los especialistas y críticos bajo la nueva denominación de “Agrorock”, algo nunca visto ni oído antes.

El padre, al darse cuenta del profundo conocimiento de las canciones y del ferviente entusiasmo con el que sus hijos las cantaban, los llevó a un concierto en Cangas de Onís. Y unos meses después, el Día de Asturias, a otro en La Morgal.

Ya de noche y acabado el concierto, regresaban a casa mientras en el casete sonaba la canción “Chacho”:

“...Y nun gastes un chapu

sabrá Dios en ónde tendrás el furacu...”

Y C, desde la parte de atrás del vehículo, enseguida pregunta.

-Papá, ¿qué es un chapu?, ¿qué es el furacu?

-Chapu es una azada pequeña, una herramienta para trabajar la tierra. Pero aquí significa que no gasta nada de dinero. Y furacu es agujero en asturiano. Pero aquí se refiere al lugar en el que Chacho pueda tener escondido su dinero.

La canción continúa y la niña vuelve a quedarse en silencio, con los cinco sentidos atentos y concentrados, reunidos en sólo uno: escuchar. Parece que a su hermano, con dos años más que ella, no le preocupan en absoluto esas cuestiones semánticas y disfruta con sólo dejarse llevar por la melodía, para hacer una segunda voz al solista.

“... los mismos bombachos,

les mismes chiruques que enseñan la dea...”

La niña de nuevo.

-¿Y qué es la dea?

-Es el dedo gordo del pie. Quiere decir que Chacho era tan tacaño que no se compraba otras botas, a pesar de que el dedo gordo se le salía por un agujero del calzado, de lo viejo que estaba.

La canción sigue sonando y C se sumerge en la escucha.

“... fuisti p’al otru mundu

sin habelo probao...

munchu te gustaben les mozes

y nun hubo ninguna que mirare pa ti...”

Entonces la inquieta preguntona se remueve con una sentida irritación:

-¿Pero por qué los mayores tenéis que hacerlo todo tan complicado, eh? ¿Para qué otro mundo se marchó Chacho?

Y con aire de fastidio, como para sí misma...:

-¿Y qué fue eso que no había probado antes de marchar? Jo... no entiendo nada.

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