¿Y del alma?

1 de Febrero del 2024 - Ceferino Suárez de los Ángeles (Illas)

Algunos lamentan ese actual olvido silencioso del alma. Pero si tengo que ser sincero, debo decir que las nuevas maneras de hablar del alma me ayudan mucho. Y no creo que la gente vaya a sentirse desamparada, o se vaya a tambalear la fe con este nuevo lenguaje. Hay verdades que se pueden decir de muchas maneras. Y es bueno que nos las planteemos para poder entendernos.

Habíamos estudiado ya en el catequesis que el alma era inmortal, infundida en cierto momento como forma sustancial de nuestro cuerpo. Solemos entendernos con facilidad al hablar de nuestra mente o de la experiencia consciente (sensaciones, percepciones, emociones, creencias, pensamientos y expectativas).Pero vamos a ir más allá. Al hablar de la persona ya nadie habla del hombre como compuesto de alma y cuerpo, o del dualismo, sino como de una unidad picosomática.

Y entonces tenemos que hablar del yo. Y además sin alarmarnos al decir u oír que el yo es algo construido, no caído del cielo. Y que este empieza a ser construido con la acogida y ternura de una madre, el apego a una familia, con la maduración, educación y socialización. ¿Puede haber tenido otro más hermoso origen nuestro yo? Y en el que jugaron un papel decisivo la maduración y la socialización, la memoria y el aprendizaje. Fue creciendo la identidad de nuestro yo. Y el garante de esta continuidad de nuestra identidad fue la memoria. Y nuestra identidad y personalidad se fue aclarando con los relatos que íbamos construyendo para los amigos, la familia, o el maestro. Y qué bien relataba nuestra memoria. Qué fundamental y cuántas barbaridades se dijeron sobre ella en los últimos tiempos. Y qué desgracia es el alzhéimer.

Hoy vemos que nuestra vida es relacional. Por algo algunos al hablar de la inmortalidad del alma, es decir, de la nueva relación de mi yo humano con la inmutable eternidad de Dios, piensan que en el más allá seguiremos contando historias. Y que encontraremos el tono para conseguir interpretar esa melodía constante en la que Dios se refleja en nosotros. Melodía constante que interpretaremos para seguir en armonía. Melodía que nos acompañara para seguir contando nuestras historias a otros seres. Pues sin duda allá disfrutaremos contando historias.

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