Lo de la señora Gómez
Escribo "señora Gómez"; para ser justo hay que empezar por ser respetuoso. A mí, como a Mbappé (aunque sin avión privado porque me mareo), tampoco me gustan los extremos. Prefiero quedarme corto que pasarme. En el "affaire" de la señora Gómez puedo reivindicar cierta veteranía pues fue en el ya casi remoto 2020 cuando un diario de Vocento puso fin a la colaboración que mantuvimos durante años, al cuestionar en mi columna semanal que una persona sin titulación universitaria impartiera enseñanzas de posgrado.
LA NUEVA ESPAÑA publicó en esta sección aquel artículo censurado por los de Vocento ("¿La sombra del Presidente es alargada?", LNE, 10.11.20). Cuatro años después, lo de la señora Gómez llega a la Plaza de Castilla y entra en el juzgado por la puerta del garaje. El rector de la Complutense entra a la misma hora por donde corresponde y declara al juez que, en su día, lo llamaron de Moncloa porque la mujer del Presidente quería proponerle un proyecto pedagógico.
La señora Gómez languidecía desde soltera en un modesto chiringuito de captación de fondos para "oenegés". Chiringuito muy honorable pero chiringuito al fin y al cabo. Llegada a Presidencia, tal vez por efecto del mal de altura que en América llaman "soroche", tuvo la brillante idea de acudir al rector para montar, a partir del chiringuito, una cátedra extraordinaria. -"No, mujer, la mujer del Presidente no puede ir por ahí pidiendo favores. Al rector te lo llamo yo y vendrá aquí, honrado y agradecido de que seas tú quien le hace el favor", le aconsejó la directora general que Sánchez tiene asignada a su señora en funciones de secretaria.
El rector magnífico, que acudió a la cita perdiendo el culo, tenía dos opciones: -"Señora mía, si lo suyo es la docencia, el camino clásico sería que curse una carrera, obtenga el título correspondiente, estudie a fondo el temario y se presente a unas oposiciones. No es tirado pero tampoco imposible". Esa hubiese sido la respuesta conservadora y "fachoide" (valga la redundancia). Por suerte para Begoña y para la humanidad en general, el rector Goyache, además de magnífico, es progresista y se consagró con entusiasmo ("en cuerpo y alma", se decía antes) a sacar adelante la dudosa cátedra. Al fin y al cabo, si el marido es doctor con una pseudotesis, por qué su esposa no habría de ser catedrática con una pseudocátedra.
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