El punto limpio

15 de Julio del 2024 - Fernando Vijande Fernández (Castropol)

Hoy, cuando me estaba cortando mi mujer el pelo, pues es hija de peluquera, me dijo: "Estás mal afeitado, te salen pelos por la barbilla, no te miras en el espejo".

Yo, en plan de broma, le respondí: "Es que tengo miedo a que me pase como al dios Narciso y me enamore de mí mismo".

A mi edad, ya perdí el atractivo, pero sí que es cierto que hoy tenemos a muchos chicos y chicas preocupados por su figura y apariencia, y no nos damos cuenta de que también nosotros fuimos jóvenes y hacíamos exactamente lo mismo.

Yo tenía un amigo que llevaba un peine en el bolsillo trasero del pantalón y, antes de llegar a los lugares, se peinaba la "revinxe", pero le duraba poco, pues ni con "cuspe" de gato le aguantaba.

El despertar del amor, que hoy día se ha convertido en un juego de pantallas, no siempre fue así.

Yo tenía un abuelo, Manuel el Pixaroleiro, que conoció a mi abuela Dorinda de Piñeira por primera vez en una fiesta de su pueblo y a la segunda cita le propuso matrimonio. A la tercera se casaron. No les salió mal, tuvieron siete hijos, aunque habría que preguntárselo a ella.

Mi mujer siguió cortándome el pelo y comentó: "Esta máquina ya no corta bien, habrá que comprar otra, tiene muchos años, hay que llevarla al punto limpio".

Yo, que estaba callado, con los ojos cerrados, porque siempre que me cortan el pelo cierro los ojos y no sé por qué, los abrí con asombro y pensé: "A mí, que tengo muchos más años que la máquina, ¿también me llevarán al punto limpio?".

Mi imaginación me llevó a Barres, al punto limpio, y empecé a divagar en qué contenedor estaría más a gusto.

En el contenedor de plásticos, con los microplásticos que comemos con el pescado y en los restos de envases podría estar bien.

En una pierna tengo un clavo de titanio que, cuando pasa el control de los aeropuertos, pita, además de cinco implantes dentales; entonces, el contenedor de férricos sería el ideal.

Para mí, que me gustan los árboles, las plantas y toda la naturaleza, el contenedor de vegetales también sería el adecuado.

Una parte de mí iría para el contenedor de papel, pues, con todo lo que he leído, cuando lo reciclaran podría seguir cultivando la mente.

El contenedor de ropa usada también vendría bien para cuando me despojen de las vestiduras.

El resto que quedase podría ir para hacer compost y abonar la tierra, y así me sucedería lo que dice Javier Krahe en su canción: "Las flores que saldrán por mi cabeza algo darán de aroma".

Menos mal que no llevo marcapasos con pila.

Así que, cuando vayáis al punto limpio, pensad en qué contenedor puedo estar y me saludáis.

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