La última cena de Jesús en París
Estos han sido los últimos JJ OO que veré en todo lo que me queda de vida. Jamás pensé que se podía ofender a Dios a este nivel. La religión es algo personal. Lo que se vio allí fue un verdadero aquelarre, una falta de respeto a una religión, podría haber sido la musulmana, la de los cristianos de los últimos días, los mormones o la de los testigos de Jehová.
Cada uno ha de seguir lo que le dice su corazón, y el mío me dice que ya está bien de tanta ofensa a Dios, un Dios que perdona, que es amable, veraz, bueno y justo. ¿Los cristianos nos estamos haciendo los sordos? ¿Nos da vergüenza que nos señalen en público? ¿Somos unos verdaderos cobardes? Cuando las cosas van mal, irán muchísimo peor cuando ese aquelarre que vimos en la inauguración sea lo normal en las calles, ¿qué haremos, pedirle a Dios que nos ayude y proteja?
Nos dirá simplemente, tuve hambre y no me disteis de comer, me insultaron hasta por televisión y ni levantasteis un dedo por mí, vieron cómo se blanqueaba la pedofilia y os reísteis, pero nadie levantó la voz para decir: “Ya está bien, ya estamos hartos de que se insulte a Dios, ni siquiera el Rey de España lo hizo, ni su mujer ni las Infantas”. Pues la levanto yo por todos los que hemos sido unos verdaderos cobardes. Nos tendría que dar exactamente lo mismo si nos insultan, nos calumnian o nos tuercen la cara y nos niegan el saludo.
Pero, ¿qué es lo que nos está pasando? Solo nos acordamos de que Dios está ahí cuando lo necesitamos. ¿Qué le ocurre a este Papa, a los obispos, a los enseñantes, a los curas, a toda la sociedad? Poco nos pasa. Sé que Dios es misericorde, bondadoso, nos quiere con locura y nosotros, ¿qué hacemos por Él?, lo respondo yo, reírnos de Él a carcajadas, criticarle en todo porque nosotros no hacemos nada bien.
Ayer fue de las pocas ocasiones en las que vi algo de televisión, pensaba que ese horror que vi no iba a ser tan descarado, pero me equivoqué. Cuando permitimos que nuestros hijos asistan a charlas inmundas sobre ciertos temas y, por no quedar mal, les firmamos el permiso para asistir, estamos contribuyendo a destrozar a los jóvenes. Los padres somos los educadores y guardianes de nuestros hijos y si no se tienen hijos también somos responsables de cuidar a esos jóvenes, que, gracias a nuestra tibieza, ven lo que no deben y hacen lo contrario de lo que deberían. Eso es el Amor, cuidar a nuestros jóvenes y nuestros niños de las garras de estos gobernantes, presidente francés, el español y su mujer igual, el Rey tan “pichi”, la Reina igual, los reyes de Suecia más de lo mismo.
Nos estamos cubriendo de chapapote, de caca y de inmundicia y nos llamamos buenos. ¿Pero qué sinsentido es este? Yo rechazo con toda la fuerza de mi ser algo tan asqueroso como lo que vi, pero sobre todo os pido a los jóvenes que volváis vuestros ojos a Jesús y reparéis en aquellos asuntos que desde 2020 se han ido normalizando y por vergüenza o tibieza no abrimos la boca ni los que deberíamos daros un ejemplo con nuestras vidas porque estamos siempre corriendo, quizá no os prestemos suficiente atención, no lo sé. Lo que tengo claro es que nos os dejéis llevar por la vergüenza, la desazón, la soledad del que lucha o, simplemente, por la dejadez del “qué más da”.
Mi abuela siempre nos decía que “Dios murió por nosotros, no lo neguéis porque la gente se pueda reír en vuestra cara. Todo pasa y todo cambia”. Sin embargo, esta vez hay que poner la cara un poco más, antes que os/nos destroce este sistema formado por mandatarios corruptos, inmorales, ladrones, justificadores de todo lo que a ellos les conviene, dejando a todos atrás, menos a ellos. Hemos de recordar que Dios murió por cada uno de nosotros, ¿por qué nos avergonzamos de Él?
La gente que se para a leer alguna de las cartas que LA NUEVA ESPAÑA muy amablemente me publica, ya saben que a veces me repito un poco, aun así, me voy a arriesgar y aburrirles un poco. Muchos de ustedes ya saben que Juan Pablo II fue el Papa de mi juventud y de vez en cuando, si cierro los ojos, le oigo gritar en mi corazón: “Abrid las puertas a Cristo”, eso hemos de hacer en estos momentos, no solo un poco, ¡pero de par en par! A veces no es fácil, pero nos toca.
Espero no haber matado a nadie de aburrimiento. Les deseo paz y bien, pórtense excepcionalmente bien, pero sobre todo pásenlo bien y sean cada día más felices. ¡No sean sostenibles ni ecorresilientes!
La canción de hoy es de “The Cure”, “Friday I’m In Love”, yo añado: no solo el viernes. ¡Hala, con Dios!
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