El precio de la verdad
Jesús Cintora es un periodista que ha decidido, tras un periodo relativamente largo, “montárselo por su cuenta”. Pero para ello necesitaba saber si había agua en la piscina (es decir, gente que le siga); en un mundo donde las redes sociales ya mandan más que la línea editorial de cualquier medio que lleve más de un siglo informando y generando opinión. Así, su presencia en YouTube, Facebook, Instagram, X, TikTok...le ha generado miles de seguidores. Redes sociales en las que desgrana su visión del mundo actual y aprovecha para recordar sus experiencias y vicisitudes en los distintos medios por los que ha pasado (la Ser, TVE, Cuatro, La Sexta...)
Ha escrito cinco libros (“No quieren que lo sepas”, “La conjura”, “Conspiraciones”, “La hora de la verdad”, “El precio de la verdad”), de los cuales he leído los dos primeros. En su visita (y participación) en la Semana Negra de Gijón presentó su último libro, “El precio de la verdad”, ante un público seguidor que abarrotaba el espacio más grande de la Semana Negra.
Su lectura me ha producido una enorme frustración. Bien es cierto que uno siempre espera encontrar, en este tipo de lecturas (donde la literatura no es su fuerte), elementos novedosos y por supuesto veraces que aporten algo más de luz al mundo del periodismo, al mundo de la información. Nada de nada. Estuve a punto de dejarlo en la página 92, porque no encontraba nada nuevo en el relato que ya no supiera. Especialmente agotador fueron los dos primeros capítulos donde nos relata sus primeas experiencias periodísticas en el atentado del 11M, con Iñaki Gabilondo. Si ese era el tono a seguir en el resto del libro, sería un tiempo perdido por mi parte. Así fue.
Repetitivo hasta el cansancio y agotadora su lectura. Todo circula con dos ideas que necesita repetirlas cansinamente, cuya lectura se hace fatigosa: El cómo lo han maltratado (desde su punto de vista) y lo “guay” que es cuando se enfrenta a los dueños del poder mediático y político. Repitiendo constantemente las dos ideas que ya aparecen en los otros libros.
Mientras lo leí, recordaba “El Director”, de David Jiménez. Con buena narración literaria nos introduce en los secretos, intrigas y corruptelas de la prensa española, consecuencia del poco tiempo que lo mantuvieron como director de “El Mundo” (un año), tras dos décadas como corresponsal en Asia (Afganistán, Cachemira, Corea del Norte, Fukushima: “Son lugares más seguros que el despacho de un periódico”). Su lectura te envuelve, te transmite seriedad y rigor informativo. Lo que no ocurre con el libro de Jesús Cintora.
Hay algunos comentarios que, como mínimo, deberían haber sido comunicados a las personas que él cita en el libro, como es el caso de una comida que supuestamente mantuvo con Iñaki Gabilondo y que él le confesó que “iban a por él”, o el chascarrillo que Zapatero supuestamente le endosó: “Has estado muy republicano”... En fin, que como mínimo a Iñaki Gabilondo le habrá hecho poca gracia.
Supongo que un medio de comunicación es muy libre de determinar su línea editorial y, como tal empresa, muy libre de contratar/o prescindir de sus periodistas. Somos los ciudadanos los que lo leeremos, escucharemos o veremos en la TV. Yo soy muy de radio desde hace más de 60 años. Recuerdo al respecto el día en que la Ser prescindió de uno de sus valores más sólidos, Gemma Nierga. Después de 30 años en antena. Lo pasó mal, muy mal la periodista, pero jamás le ha visto arriando contra la Ser o montando un espectáculo mediático al respecto. Recuerdo también, cuando a Ignacio Escolar también lo echaron como colaborador de “Hoy por hoy”, por atreverse a denunciar que la mujer de la “vaca sagrada” del periódico del grupo Prisa, Juan Luis Cebrián, tenía dinero en paraísos fiscales. La Ser ha vuelto a recuperar a Escolar, una vez que la línea editorial de “El País” ha cambiado con la entrada de Pepa Bueno como directora del periódico. Jamás le oído a Ignacio Escolar entrar en una “vedette” mediática al respecto.
Por cierto, tanto Eldiario.es como Infolibre (como mínimo) presentan anualmente sus cuentas a los suscriptores, y los suscriptores participamos de su modelo de gestión, cuestión que pasa por alto Cintora, cuando aborda las miserables dádivas económicas de los “medios de comunicación” y el oscurantismo y falta de transparencia al respecto, extendiendo el fango a todos los medios, sin exceptuar ninguno... pero para eso ya está él, para denunciarlo y enseñarnos a leer lo correcto. Porque “la verdad tiene un precio”... y yo no me había enterado.
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