Venezuela, España, el sentido común
El 28 de julio de 2024 tuvo lugar en Venezuela uno de los mayores pucherazos electorales de la última década. Nicolás Maduro, en su más completo delirio, se autoproclamó vencedor pese a saber en su fuero interno de la falsedad de sus declaraciones.
La comunidad internacional rechazó y rechaza los resultados ofrecidos por el chavismo. Solo las autocracias, los aceptan. ¿Por qué los aceptan? La respuesta es llevar la contraria a sus rivales geopolíticos, no por creer en los resultados. Nadie, repito nadie, se los cree, ni siquiera el golpista de Nicolás Maduro, otra cosa bien distinta es lo que exprese en público.
Es un hecho que el pueblo venezolano espera de corazón que esta sea la última pataleta de un régimen, que lleguen nuevos tiempos de libertad y progreso. Esto es sentido común tras tantas miserias y represión.
Mientras todo esto ocurre, en España hemos pasado ya por todos los cambios de opinión posibles, una revisión de hemeroteca pone de evidencia que en este país ya todo vale para aferrarse al poder.
Si me preguntan, diría que es un problema, pero claro, ¿quién soy yo para juzgar a un presidente? Está respaldado por la mayoría, ¿verdad? La mayoría de las fuerzas que “respaldan” al Gobierno quieren de facto acabar con el país. Es una verdad dura, pero negarla no hace que desaparezca. Aunque curiosamente es un tira y afloja; porque no quieren a España, pero esos políticos independentistas sí quieren el dinero de los españoles. En esta línea, no rechazan sus sueldos que pagamos todos cada vez que compramos un periódico o fallece un ser querido.
Ahora la nueva ocurrencia para seguir en el Gobierno, al igual que Nicolás Maduro, es atentar nuevamente contra el sentido común.
La propaganda del partido en el Gobierno quiere hacernos creer que, si tenemos diez a repartir y luego tenemos siete, nos quedamos igual. No sé ni cómo definirlo... un insulto a la inteligencia, o a tener dos patitos bien alineados, cada cual lo que prefiera.
Sin entrar en la injusticia de un sistema fiscal asimétrico, en la que Navarra y País Vasco juegan con ventaja sin ninguna justificación económica y haciendo que el resto de las comunidades, incluida Cataluña, tengan que hacer un mayor esfuerzo fiscal.
Pactar con Esquerra la gobernabilidad es vender nuevamente el Estado que todo socialista debería defender.
La conclusión es dolorosa, Maduro en Venezuela piensa que todo vale para aferrarse al poder. El Gobierno de España piensa exactamente lo mismo.
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