¡Entre llamar a España país y a la selección la Roja!
¡Oye, no falla!; la historia es pertinaz. Nos enseña que cuando las cosas no se denominan por su nombre real pierden su significado. O sea: se alteran. Y es verdad: como expresión de progresismo, ante los de "la derechona" (al final, no somos ni éramos solamente intransigentes o de extrema derecha, ¡no!: somos fachas), a la nación española dejo de llamársela por su nombre y pasó a denominarla con la expresión guay de país. Y con eso ya se les llenó la boca a algunos, de modernos, izquierdistas, demócratas, progresistas, y antifascistas. Eso sí: menos tolerantes. ¡Ay, ya no!; tolerar toleran a quienes piensan como ellos, y discrepan un poquito. A los demás que cuestionamos y discrepamos de casi todo... ¡No! Con nosotros la tolerancia y la libertad no se ejercen. Menos mal que la intolerancia, no los lleva -de momento- a señalarnos cual es "el camino de Jerez", siempre y cuando, ¡ojo!, no opinemos discrepando contra el orgullo gay, el aborto, la mentira de quienes afirman que se nace con un cuerpo equivocado, o los lobbies LGTB. Porque aquí sí que ya solo nos queda la cárcel, por homófobos y/o mentes pensantes (...de risa).
En todo este ambiente actual nació la novedad de denominar a la selección española de fútbol como la Roja. Y esto, que fue una simpleza ideológica apoyada por la cadena del "jorjeta" T5, y que copiaron después el resto -o casi- de los periodistas y medios de comunicación, terminó por hacerse viral, y hasta normal, pero ni histórico, ni real.
Para ser progresistas no hacía, ni hace, falta llamar rojos a los jugadores españoles de la selección porque usen una camiseta que lleva una parte de ese color. Y no hace falta tampoco llamarla "la Roja" porque decir solo la "selección española" no le quita a nadie el título ni de rojo, ni de izquierdas, ni de progresista. Si acaso, lo único que consiguen es el ridículo ante el mundo -deportivo sobre modo-, que siempre menciona y mencionará a España como la selección que juegue contra su país, y al fútbol, sobre todo.
Y esto es lo que viene ocurriendo en España desde que en el año 1982 llego al poder el socialismo -eso sí, menos radical, aunque en algunos ayuntamientos como el de Siero llegase "otro" socialismo, mucho más rencoroso y radical como largocaballerista (M. Villa fue un ejemplo de su rencor, acrecentado, ante la no posibilidad de ser secretario general de UGT en el congreso de La Felguera, creyéndose, como se vendía un exilado con derechos). Esta sinrazón de la izquierda más o menos marxista, que terminó por abandonarlo, duró hasta la entrada en el Gobierno de un Zapatero que intentó y lo sigue intentando retroceder a España a los años 30 (a veces creo que incluido el 34). Y como en aquellos años no se admitió la Constitución de 1876, ahora pretenden considerar obsoleta la de 1978 (fíjese el lector que año arriba, año abajo, la historia tiende a repetirse). De esta manera pretenden llevarnos a otras elecciones constituyentes, donde ya a la España histórica, tradicional y auténtica se la transforme en una federación de regiones, no contemplada en la Constitución actual ni en su historia; donde las regiones consideradas nacionalidades de 1979 opten por referéndum, en el que se dirima si quieren pertenecer a España como nación o a la península Ibérica como zona geográfica.
Por tanto, si todo lo anterior termina ocurriendo como parece, la historia se seguirá repitiendo, por lo cual, no es de extrañar, volverá de igual manera otro 1936 que los calme durante otros cuarenta años, que son los que Primo de Rivera padre considero -y al parecer no le faltaba razón- necesarios para dejar aquella semidictadura de 1923 apoyada por la UGT antes de volver a las elecciones, que ya todos sabemos cómo terminaron.
Espero que España siga siendo España; la selección de fútbol, la española, y país solo se denomine al de Alicia en el de las maravillas, del escritor ovetense Gustavo Bueno.
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