¡Aún estamos aquí, no se equivoque, Sr. Illa!
Dos frases que ayer, día de la proclamación del candidato del PSOE catalán como presidente de la Generalidad, fueron: las del fugitivo, la primera del día: "Aún estamos aquí"; y la más repetida, la segunda: "No se equivoque, Sr. Illa".
Fue la reiteración de esta advertencia, hecha por ERC, la más denigrante políticamente hablando, que condicionó al candidato durante ya toda la sesión parlamentaria y que quien esto escribe siguió en directo, desde las 10 de la mañana. Las equivocaciones, que le recordaron al Sr. Salvador Illa, tuviera la precaución de no cometer eran -y son- vergonzosas para quien las propone y un delito de traición patria para quien las consiente.
En términos contundentes, dejaron los republicanos herederos de Companys, de tan infausto recuerdo histórico, bien remachadas las líneas que en veinticinco folios han acordado. Pero solo y exclusivamente para su elección como presidente (vamos: lo más parecido a aquel programa de "Reina por un día"). Y casi recordando cada una de las páginas del indigno acuerdo, el portavoz de la Ezquerra fue haciendo un resumen de ellos que son sinceramente preocupantes.
"No se equivoque...", el catalán tendrá un conceller, exclusivamente, para que el español no sea impuesto.
"No se equivoque...", usted no puede desarrollar su programa electoral, solo el del acuerdo firmado.
"No se equivoque...", Cataluña avanza en soberanía. Tiene la llave de la "caja", que era la reivindicación fundamental, para Cataluña.
"No se equivoque...", dentro de poco el 100% del IRPF será gestionado por la Generalidad.
"No se equivoque...", los impuestos en Cataluña los recauda Cataluña y los gestiona Cataluña...
"No se equivoque...", Cataluña hasta en el fútbol será una selección... (¿)
"No se equivoque...", estaremos siguiendo el cumplimiento de los acuerdos, avalados internacionalmente (¿), y si no se cumplen, le retiraremos, sin dudarlo, el apoyo.
En este tono, incluso con más firmeza que la aquí reseñada de oídas. ¡Eso sí!, iban cayendo como una "venta de España por parcelas". La réplica del candidato, hoy ya presidente, fue una aceptación -rayando la humillación- de todas y cada de las advertencias, que los republicanos independentistas le recordaron en sede parlamentaria. Advertencias de esa forma, manera y calado (que ni hasta el río Ebro se quedó al margen) demuestran que no solo hay un problema político en una parte de Cataluña, sino que este va en aumento y, lo que es peor, radicalizándose cada vez más. Así que no parece, ni por asomo, que esta forma de pactar no sea tal. Pues es más una rendición que un pacto.
Si España con este Gobierno está siendo vendida por parcelas, solo por el egoísmo de un secretario general que se denomina socialista y que no quiere perder, ni para él ni para los "cargos públicos" que, gracias a sus felonías, siguen engordando sus cuentas corrientes, y asegurando su futuro, solo quedan dos caminos: uno, elecciones generales, y dos, reforma de la Constitución. Si estos dos caminos fallan, volveremos a la España de 1930, donde se cuestionaba hasta el régimen.
Esta democracia de mayorías así es lo más parecido a una dictadura personal. Que no nos hagan elegir.
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