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Cómo ser buenos cristianos en el trabajo

10 de Agosto del 2024 - Rafael Fuertes Llanes (Tineo)

Nuestro acceso a uno u otro servicio en la sociedad civil está lejos de realizarse sin Dios. Al contrario, Él es la expresión de su voluntad. Él es el patrón, Él es quien nos contrata y nos pone en una determinada posición para trabajar para Él y con Él.

Cualquiera que sea este trabajo es desde ese lugar que podremos hacer brillar el amor de Cristo, podremos dar ejemplo de conducta evangélica, para expiar nuestros pecados, para abrir espacio al perdón donde hay división. Especialmente desde ese lugar podremos orar por todos aquellos con quienes nos ha tocado trabajar -y muchas veces confesamos los errores que cometemos en el trabajo-. De hecho, el servicio, sea cual sea la profesión -como gerente, secretaria, maestra, telefonista, albañil, médico, mensajero, director general...- no importa mucho. Lo importante es convertirlo en un lugar de ayuda contra el sufrimiento que proviene del pecado y de la inhumanidad en todas sus formas, de la instrumentalización y de la reducción del hombre a objeto.

Estamos en una posición específica para trabajar junto con Cristo para humanizar a las personas. Por tanto, podemos ser un administrador cristiano.

Sigamos arraigados.

¿Cómo permanecer "arraigado" en el amor de Cristo durante todo el día? ¿Cómo permanecer así por la noche, después de un día de trabajo lleno de críticas, discusiones interminables, discusiones contradictorias, decisiones que tomar, conflictos...? ¿Cómo no traer preocupaciones, cómo dejar de pensar en ellas por la tarde o por la noche?

Si pasamos el día velando por el amor de Cristo, será más fácil. Quiero decir: si pasáramos el día sin olvidarnos de orar unos por otros, sin temer recibir humillaciones y críticas -incluso recibiéndolas con alegría, ¡porque nos humillan!- nos resultará fácil confiar, en la oración de la tarde, todas nuestras preocupaciones al Señor. No nos quedemos dormidos con rencor hacia alguien, un amigo o un jefe.

Oremos por nuestros compañeros.

Por ejemplo, después de la oración de la tarde, digamos también esto: "Señor, Jesucristo, Tú, que diste tu vida por la salvación de todos, perdona, bendice, cubre, sana y salva a tu siervo (nombre) y ten piedad de mí, el pecador (nombre)!".

Nunca nos quedemos separados del amor de Jesús: no juzguemos, no maldigamos, -"¡Bendice, no maldigas!", dice el Santo Apóstol Pablo-, no nos venguemos, no nos enfademos, no nos dejemos tocar por tales críticas, así como por elogios.

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