Gente corriente (o casi)
A los Sánchez-Gómez me refiero. Coincido con los progres en que lo de Begoña y el cuñadísimo "tiene escaso recorrido judicial". El Tribunal Constitucional acaba de inocentar a Chaves y a Griñán, condenados por dejar circular al margen de la ley 679 millones. ¿Alguien puede creer que los enchufes y chanchullos de la mujer y del hermano del Presiente van a acabar en sentencia firme?
La peregrina idea de la señora Gómez de transformar su modesto chiringuito en una cátedra extraordinaria, ¿no remite más a salud mental que al Código Penal? Cosa distinta es la del Rector Magnífico de la UC: si a este señor, además de la magnificencia, le quedara un átomo de sentido del ridículo, después de acudir con la diligencia de un repartidor de pizzas a servirle a domicilio a la candidata monclovita la cátedra extraordinaria bien calentita, solo saldría de casa por la noche y a cencerros tapados. En la maraña de chanchullos del hermanísimo, habría que empezar por preguntarse si la insólita tolerancia de Hacienda con lo suyo se debe a que es hermano de su hermano o a que no es novio de Ayuso.
El "Big Broder": "En Alemania los ministros dimiten si se les descubre un plagio", dijo en la moción de censura. "Pobres pardillos", debió de pensar en su fuero interno, él, cuya tesis es un repertorio de todas las figuras de plagio y apropiación indebida de conocimientos ajenos. Un trepa y un tramposo; sobran otros adjetivos: trepar con trampas es en él lo sustantivo. Si "Manual de resistencia" dijera la verdad, además de triplicar las páginas, tendría que titularse "Manual de trapisondas".
Comienzan haciendo salir al Falcon de los hangares para asistir a un concierto, como quien saca el utilitario del garaje para ir al cine: habían conquistado un paraíso en el que para ellos no habrá frutas prohibidas. En la recepción del 12 de octubre, se sitúan al lado de los Reyes para recibir a su vez el besamanos; ese acto fallido expresa una convicción sin equívocos: "Si ellos son los Reyes, nosotros somos la pareja real que media España admira y la otra media envidia". En una inauguración del AVE, vemos a Sánchez retozar por el andén, repartiendo saludos y sonrisas y colándose en el convoy, sin cuidarse de la presencia del Rey, que, desde su altura dos veces real, contempla la escena de soslayo, con esa paciencia complaciente, aprendida y heredada. ¿Es pura zoología (el pelo de la dehesa) esa desenvoltura de Sánchez con la Jefatura del Estado o hay provocación y cálculo?
Comparten vacaciones en las Marismillas o en La Mareta con amigos, amiguetes o amigotes, sin declarar quiénes, cuántos y cuánto, como si las residencias reales fueran residencias secundarias de la pareja. Aunque los coros y danzas de la degradación política son ese parterre de ministras y ministros cantando a capella que la amnistía, el concierto catalán, el referéndum "no caben en la Constitución", para acto seguido cantar también a coro cómo han ido cabiendo sin necesidad de un solo martillazo.
¿Es esto corrupción? Sin duda. ¿La pueden parar los jueces? Lo dudo. La tendrían que parar los votos, pero el sanchismo sigue contando con un sólido zócalo de tolerancia: "Si la tele, 'El País', la SER aseguran que el Gobierno hace 'muchas cosas chulas', habrá que seguir votándolo", parece pensar (es un decir) "el macizo de la raza". Además los emperadores romanos ya habían entendido que la plebe disfrutaba contemplando los excesos del poder ("placer por procuración").
Los Sánchez-Gómez, su estilo, sus actos, su entorno (su tropa y claque), recuerdan esas despedidas de soltero o farras de Nochevieja que alquilan una casa rural y la dejan hecha unos zorros (otra manera de decir deshecha). Lo mismo ellos con España. Y al fondo, Pumpido, el tenebroso padrino del desaguisado. "Miro los muros de la patria mía, si un tiempo fuertes ya desmoronados, y no hallo cosa en qué poner los ojos que no sea recuerdo de la muerte". Mientras confiada e indolente, de sus males ignara u olvidada, la gente se tuesta en el tórrido verano.
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