¿Fracaso o éxito olímpico?
Se habla del fracaso olímpico por tener un tope de medallas que superan otros países que por comparación deberían estar por abajo. Yo creo que no superar las 20 medallas es un fracaso sin más. Australia con 26 millones de habitantes consiguió 53.
Hablan de falta de inversión en preparar deportistas a la altura de esos que consiguen medallas, también de igualar salarios, techos de cristal... Creo que tenemos un gran problema, envidiamos al bueno, al que destaca le damos caña, enseguida le encasillamos como hacemos con Nadal, Alcaraz y casi todo aquel que triunfa. En vez de apoyar a los buenos, apostamos por que todos seamos mediocres para no enfadar a los menos capaces. Si no premiamos el esfuerzo, la calidad y al mejor, solo nos queda ser del montón. No sé quién decía: "La tolerancia llegará a tal nivel que a las personas inteligentes se les prohibirá pensar para no ofender a los idiotas".
Únete en conversación con dos o más idiotas, verás que por muy inteligente que seas, ellos llevarán la voz cantante, Dios te libre de intentar sobresalir sobre ellos, en su terreno rodeados de otros igual, son invencibles.
A los niños superdotados hay que potenciarlos, darles posibilidades, no llamarles en mofa los listillos de la clase, por ser inteligentes y con mentes superiores a los más zoquetes. Estos son el futuro, serán quienes hagan para todos un mundo mejor. Pero no, aquí se apuesta por la mediocridad, se corta las alas al mérito para rebajarlo a cuotas, paridad, cremalleras y una igualdad ficticia que solo puede ser descendiendo peldaños el de arriba para que el de abajo iguale escalones y metas que por sí mismo sería imposible de imaginar. El fracaso estaba asegurado. Solo quedará la absurdez del orgullo de perder.
Incluso en la infancia de antaño, los niños lo tenían claro cuando elegían los equipos para competir en lo que fuera, iban escogiendo por los mejores, los peores de cada juego quedaban para el final. Ahora seguro que por no infravalorar o dañar a los malos se obligaría a escogerlos en primer lugar. Los que escogen por los mejores logran equipo ganador, allí donde todos intentarían superarse para no ser de los últimos o del montón; los que escogerían por buenismo impostado serán siempre perdedores. Eso sí, muy orgullosos de perder. Así hemos escuchado a muchos decirlo del fracaso estrepitoso de las del beso. No supieron ganar en su día, ahora tampoco perder. Sentirse orgulloso de perder y de quedar cuartas es de lo que estamos hablando. Luego querían ganar lo mismo que Ronaldo o Messi. Es más, yo defendería que así fuera si levantaran la misma pasión, expectación y generaran el mismo espectáculo e ingresos. El campo, estando para jugarse el bronce, estaba repleto de asientos vacíos. Mira que se llenaba hasta con el balón-volea. De eso hablamos, de no colocar lo mediocre a la altura del sobresaliente.
Hasta nos enfadamos con los profesores cuando no dan notables y sobresalientes a nuestros hijos a sabiendas de que no lo merecen. Ese no es el camino, lo decía Pérez Reverte, él repitió tres cursos, ya ven hasta dónde llegó. No hay necesidad de destacar lo que no tiene mérito.
Vean los políticos que tenemos, vean su palabra, su compromiso, su descarada indecencia para aferrarse a cargos a los que jamás podrían optar si existiera una sola posibilidad de elegir las personas en vez de siglas que luego entre ellos se colocan por afinidad en mediocridad. No van a elegir a su lado a alguien que les supere y pueda quitarles el ruque. Si el líder es un inepto o un indecente, los que tiene detrás ya se pueden imaginar.
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