Por un periodismo no agresivo
Escribí recientemente sobre la falta de respeto de un tipo de periodismo que desde la tribuna pública ofrece su periódico. Era a propósito de utilizar en ciertas columnas y reiteradamente el insulto, la breva y el desaire sin previa, razonable y explícita argumentación alguna. Me resigno a dejar mis vacaciones en Asturias soportando cada día el mismo estilo redundante y ofensivo. Por poner un ejemplo, el mismo artículo de Luis Sánchez Merlo de este domingo día 18 de agosto –“Suspensión de la incredulidad”- y el de Xuan Xosé Sánchez Vicente –“Invitación a la risa”- son para mí ejemplos claros de esta manera de tratar con una ironía que no llega a la inteligencia ni al buen sentido sino que solo trata de dar pisto y lumbre a quien se regodea en aquella fácil hoguera de las vanidades donde los prejuicios y el autobombo solo consiguen enturbiar, atacar, menospreciar y darse gusto per encima de toda ética. Ello no contribuye, en un mundo teñido de sinrazones, a elaborar mínimamente una trama y una urdimbre digna de un buen periodismo. Me dirán que la gente lo lee, no se queja y el negocio va bien. Pues entonces no critiquen con tanto contumacia a los que lo intenten también y a su manera. Como siempre, ustedes representan el azote de los que no comulgan con sus ideas y se encierran en una ortodoxia moralizante que es una seria amenaza para la convivencia y el pensamiento libre. No hace falta decir que sus enemigos son el sanchismo, la nación catalana y sobre todo la caza y captura del “prófugo”, el “huido”, el “golpista”. Les prometo que no van a encontrar en ningún periódico editado en Cataluña sea de cualquier ideología este mal estilo, esta continua y reiterada apología del insulto, el desprecio y de la falta de una mínima aproximación a la respetabilidad de las ideas, de las personas, su historia, su realidad y sentido humano. Al contrincante ustedes lo elevan a la categoría de traidor, usurpador, indigno de ser escuchado y reconocido. Podría empeñarme en escribir razones de mis ideas pero entiendo que no es el caso porque justamente sus artículos las niegan, van por otros derroteros, gestionan su verdad con un trato rasero y poco dado al debate y a la información veraz y trabajada. Es una lástima. Sólo me gustaría dejar escrito que de unos jueces que no quieren cumplir la ley emanada de un Congreso soberano y constitucional como es el del democrático Estado español no se puede esperar más que injusticia, deslealtad y para decirlo de una manera que les gusta, un verdadero golpe de Estado, este sí muy real. No creo que Europa les conceda ninguna medalla ni reconocimiento. Por cierto, se pone en duda la misma democracia española amparada en la Constitución cuando se discuten los siete votos de un partido nacionalista catalán; ¿es que no son legítimos como los otros y por tanto en su derecho de “sumarse” a muchos otros partidos “periféricos” y así procurar lícitamente mayorías si es posible? O ¿qué España quieren?... La política se debate en los parlamentos y a través de los partidos, a pesar de que algunos hayan hecho de la corrupción estructural y sempiterna su manera de ejercerla y además intentando controlar la judicatura desde fuera, desde dentro y desde todos los lados. Después que no se quejen si ganando elecciones no tienen “en España” con quien pactar y siguen escondiéndose en la extrema derecha que les hace el trabajo de trinchera.
Sigo creyendo en la responsabilidad de un buen periodismo que sepa abrir la mirada, respetar al que no piensa igual, colaborar e influir en una sociedad capaz de superar sus egoísmos, su dureza de espíritu y así contribuir al entendimiento mutuo en pos de un mundo más humano y -lo digo a conciencia- acorde con los valores de nuestra civilización occidental, europea, de raíces griegas, judeocristianas y que ha inspirado un humanismo cristiano que es referente y paradigma.
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