Desviado pronóstico sobre la viabilidad futura de la caza en España
He tenido recientemente la oportunidad de leer unas predicciones efectuadas hace la friolera de casi treinta años, por un eminente catedrático de Zoología de una acreditada Universidad española, en las cuales mantenía el principio de "que la caza silvestre para todos se había convertido en un objetivo inviable". Glosaba con firmeza el licenciado en cuestión sus creencias en que las causas origen del problema obedecían "al creciente número de cazadores, a las tasas de extracción, en ocasiones insostenibles; al deterioro de sus hábitats y enfermedades".
Afortunadamente la recesión anunciada con tanto convencimiento, no se ha cumplido. Es notorio que los cazadores somos menos que en aquellos entonces -se ha dejado de expedir el 50% de las licencias de caza-, pero no es menos cierto que la realidad vigente en materia de participación y aprovechamiento, en este caso aludiendo a la modalidad de caza mayor, ha logrado desarrollar un proyecto estratégico de continuo crecimiento. Hoy el cazador, siendo menos que en 1980, sale más al campo; computa individualmente en temporada de veda abierta un mayor número de jornadas de caza de las que hacía, al disponer de un amplio abanico de posibilidades y medios que se lo permiten.
La explosión demográfica del jabalí ha sido el hecho decisivo que permite explicar la existencia de una mayor actividad, que por su naturaleza ha dejado sin efecto ese tipo de teorías que, es de suponer, hayan sido expuestas desde la influencia de una situación especialmente delicada. El corzo, en estas cuestiones de extensiones demográficas también ha tenido una extraordinaria progresión de su densidad. A pesar de que no estaba dentro del catálogo de las grandes tradiciones cinegéticas, actualmente es una pieza de caza muy valorada, que ha despertado un enorme interés entre miles de aficionados, que buscan lograr un lance memorable y un trofeo prestigioso.
Los cotos y reservas de caza, parques nacionales, zonas de seguridad, ocupan aproximadamente una tercera parte del territorio español. Desde que se tiene conocimiento, nunca ha habido tal densidad y diversidad de especies venatorias en libertad (rebecos, gamos, muflones, venados, cabra hispánica, arruí, etcétera). Hoy, el avistamiento de fauna cinegética y protegida es un movimiento de gran atracción turística. En todo esto, los cazadores hemos tenido mucho que ver.
¿Y eso, por qué ha sucedido? En España los planes de caza son obligatorios desde 1989, lo que supone una política tendente a controlar, proteger y fomentar un hábitat sobre el que se han establecido cupos de captura lo más racionales posible. Lo cual quiere decir que bajo los auspicios de esta norma, la caza ha experimentado un cambio radical en el sentido de valorar más sus recursos. Hoy, la caza social se gestiona a través de organizaciones dotadas de estructuras reglamentadas muy sólidas, de máxima exigencia en el cuidado y defensa de un patrimonio público de la que es depositaria y responsable, por lo que rendirá cuentas a su adjudicataria, la Administración. Esto es lo que ha sucedido y no lo que nuestro licenciado preveía que ocurriese.
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