El Campo de San Francisco de Oviedo necesita mecenas
El pasado 17 de agosto pasé un par de horas deambulando por el Campo San Francisco. Me evoca múltiples recuerdos de diferentes épocas y quizás por ello siempre le saco su mejor cara, pero lleno como estaba de gente lo escudriñé a fondo para ver qué impresiones podría transmitir a personas ajenas a él.
Sigue siendo un parque muy especial, pero vi muchos detalles que son el resultado de la dejadez. En el Paseo del Bombé hay un sinfín de figuras de vasijas de piedra que rematan columnas, de las cuales es raro encontrar alguna que no esté rota. La fuente del Pez está resquebrajada. Esta, la del Caracol, Neptuno, el Angelote y el estanque de Nuestra Señora de Covadonga no ejercen como tales pues no recuerdo cuándo nos hemos podido deleitar con sus aguas, bien discurriendo bien en remanso. El firme y los bordillos en diferentes puntos se encuentran en un estado lamentable y en un sinfín de zonas las especies plantadas tienen un aspecto pobre y mal porte, como ocurre con el pretendido cierre vegetal de casi todo el perímetro del parque por la parte de arriba en su discurrir por la calle Santa Susana o por abajo en su delimitación con la calle Uría. No entiendo de ello, pero si por la frondosidad de los árboles no pueden crecer y tienen ese aspecto, lo más lógico sería plantar otras especies que puedan desarrollarse con menos luz. Y si esto no es posible, mejor buscar otra solución, pero no dejarlo en ese estado. Por el mismo desconocimiento no puedo valorar si es necesario ir plantando nuevos árboles para asegurar la continuidad de la masa arbórea necesaria. Otro ejemplo que da mucha pena es el paseo de los Álamos; socavones y remiendos con cemento en número incontable dan una imagen con la que ningún ovetense puede sentirse identificado. Por supuesto que hay zonas bonitas, incluso preciosas, como todo el entorno de la portada de la antigua iglesia de San Isidoro. Lo que no entiendo es por qué no lo tenemos todo así de lucido y cuidado. Hablo de restaurar lo ya existente, no de cambiar elementos como los mencionados u otros que, igualmente constituyen el alma del parque.
Todos los años es ingente la cantidad de turistas que nos visitan, que si pasean por algún sitio, seguro que lo hacen por este pulmón verde de la ciudad o por sus alrededores. Por si no fuese motivo suficiente, cada año se celebran los premios "Princesa de Asturias". Todos los asistentes realizan el mismo trayecto desde el hotel de la Reconquista al teatro Campoamor, parejo a ese mosaico destrozado y a esos arbustos menguados del paseo de los Álamos. Hay fondos europeos, partidas presupuestarias y una cantidad exorbitada de euros para casi todo. Pero para esto no. Llegado este punto he de resaltar algo obvio: que mis impuestos sí están para restaurar y proteger por todos los medios existentes cualquier elemento histórico de la ciudad que, dicho sea de paso, redunda en hacer atractiva una urbe y generar asimismo nuevos ingresos.
No se intente buscar en mis palabras ningún tipo de intención política salvo la de que los responsables actúen de una vez por todas. Han sido décadas de abandono, no es culpa del gobierno de turno, pero sí su responsabilidad. El Patrimonio Histórico de una ciudad es una línea roja lo suficientemente nítida como para actuar e invertir en su conservación y protección. Ese sí es un legado del que uno puede sentirse orgulloso y del que todos pueden disfrutar.
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