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La muñeca vestida de azul

28 de Agosto del 2024 - Fernando Vijande Fernández (Castropol)

En el año 1965 fui con unos amigos en bicicleta a la fiesta del 15 de agosto en Vegadeo desde mi pueblo Vilavedelle, que está a cuatro kilómetros de distancia.

En Vegadeo, después de dar varias vueltas por las aceras y entrar en el Leandrín a jugar al futbolín, nos marchamos al parque del Medal, donde se celebraba la fiesta y verbena. Yo no podía quedarme a la verbena, así que todo lo más a las once de la noche había que estar en casa.

En la esquina del parque, al lado de la biblioteca, estaba instalada una tómbola y el dueño con un altavoz redondo y ahuecado decía: “Venga, señores, compren boletos y llévense la muñeca, la muñeca. Otra muñeca acaba de salir, otra muñeca para el caballero. Se la entregamos a su señora. Compren boletos, que hoy tiramos la casa por la ventana”.

En el suelo, al lado de la tómbola, estaban tirados los boletos repetidos en los que decía que completaras la segunda parte del boleto. La primera parte era muy fácil de conseguir, pero la segunda parte era dificilísimo, ya que si la tenías te tocaba la muñeca. (Era como cuando te salía siempre Olivella del Barcelona en la caja de cerillas y Di Stéfano del Real Madrid no aparecía nunca).

Bueno, pues, después de revolver entre los boletos, encontré la segunda parte del premio y el dueño de la tómbola gritando me entregó la muñeca: “Otra muñeca para el chavalito. Seguimos dando muñecas para la señora y el caballero”.

Me entregó el premio y era una muñeca enfermera, vestida de azul y con una cofia blanca. Estuve toda la tarde con la muñeca en el brazo y por la noche la traje en bicicleta para mi casa y menos mal que eran las once de la noche y nadie me vio. Si llega a ser por la mañana, me muero de vergüenza, por lo que se reirían de mí mis amigos.

La muñeca la puso mi tía Rosario en la sala, encima de la mesa del comedor y estuvo muchos años presidiéndola y recordándome la vergüenza que pasé, pues de tocarme algo en la tómbola pudo ser un taladro con seis brocas, que también estaba al lado.

Mi tía, que era costurera, le hizo un delantal blanco, por si quería limpiar el polvo y a todos los que entraban en nuestra casa les decía que me había tocado en la tómbola.

“Tía Rosario”, le decía yo, “tampoco es necesario que cuentes a todo el mundo cómo llegó la muñeca enfermera a nuestra casa”.

Yo creo que era una premonición, pues tengo una hija enfermera.

Hoy día cuando recuerdo aquella anécdota y estoy con mi nieta Vera le canto la canción infantil que cantaban las niñas jugando al corro: “Tengo una muñeca vestida de azul / Con su camisita y su canesú / La saque a paseo, se me constipó / La tengo en la cama con mucho dolor // Esta mañanita me dijo el doctor / Que le dé jarabe con un tenedor / Dos y dos son cuatro, cuatro y dos son seis / Seis y dos son ocho y ocho, dieciséis / Ya me sé las tablas de multiplicar / Ya he hecho los deberes, vamos a jugar.

Bueno, ahora que me he puesto las gafas violeta que me acompañan siempre, hablaré algún día de las canciones infantiles.

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