Hay que darles un proyecto de vida
Este verano está en el centro de las polémicas entre otros temas de "calado" como la familia del Presidente y las separaciones de famosos, todos suficientemente serios para ocupar horas de pantalla, el asunto de la inmigración en las islas Canarias, Melilla y Ceuta.
Tenemos un viejo problema, cual es que los humanos migran por necesidad desde la prehistoria y lo seguirán haciendo por muchas barreras que coloquemos, pues ahí están las vallas asesinas en la frontera marroquí. Nadie quiere morir de hambre rodeado de los suyos, que por edad no pueden jugársela en el desierto o el mar, pero los más jóvenes, engañados por las mafias, las redes y la desesperación, no tienen otra alternativa.
Por eso el asunto debe abordarse con rigor y responsabilidad. No valen las posiciones y los mensajes de los negacionistas/extremistas de que la riqueza solo para los de casa. Hasta los nacidos en el propio territorio sufren el desprecio o la indiferencia de los insolidarios, no socorriéndolos con ayudas sociales en las múltiples necesidades que se debían cubrir por ser una persona.
Pero el sistema capitalista en el mundo genera mucha pobreza para que la riqueza siga en manos de unos pocos. Tampoco soluciona regalar dinero a los gobiernos de los países africanos o a las oenegés, para tranquilizar conciencias y que los estados occidentales se laven las manos. Se debe invertir directamente en los necesitados.
La negativa de algunas comunidades autónomas respaldadas por la derecha a recibir jóvenes migrantes hace recaer el peso de los desembarcos en ciudades que no pueden asumirlo. Y no son argumentos lo que impide repartir el drama, más bien el desgaste del Gobierno como estrategia permanente de oposición, fomentando una sociedad reaccionaria ante una supervivencia que nosotros mismos hemos practicado a lo largo de la historia.
Es necesario además que el resto de Europa se haga cargo de su cuota correspondiente, pues por el hecho de ser frontera sur no podemos soportar toda la avalancha humana. No es solución cerrar fronteras ni agitar el mar para que las olas se los traguen; van a seguir viniendo por tierra, mar y aire como ya está ocurriendo.
Y hacen falta otras medidas. No es solo recoger a esos niños, jóvenes y mujeres para aparcarlos en una nave y soltarlos al tener la mayoría de edad. Hay que darles un proyecto de vida para que se reincorporen a la sociedad en condiciones dignas; evitar que se conviertan en personas conflictivas, y lograr que sean útiles en una población envejecida. El planeta no tiene título de propiedad, es un bien común mal repartido (aunque algunos no lo crean).
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