Mi pareja será un robot
Parece mentira, pero ya han quedado trasnochadas hasta las absurdas bodas celebradas por todo lo alto donde la novia o el novio era una muñeca inflable o un muñeco de trapo, eso sí, elegantemente vestido, entre otras variadas insensateces. Excentricidades que parece tienen los días contados, porque están siendo desplazadas o lo serán en el futuro inmediato por otros supuestos modelos afectivos y sexuales, según vaticinan algunos sesudos futurólogos del tema, cuya supuesta clarividencia resulta cuando menos dudosa a tenor de su capacidad de raciocinio: "Cuando más intentas pensar en el futuro, menos certezas tienes", lo que añade no poca incertidumbre a la calidad de las conclusiones de sus estudios.
En fin, que con la llegada de la inteligencia artificial está pasando lo que casi siempre ha ocurrido con el descubrimiento de nuevos avances del conocimiento, la de aplicarlos, lo más pronto posible, allí donde se pueda generar riqueza, como puede ser en la industria del sexo, el segundo negocio que más dinero mueve en el mundo.
Por eso, los chinos -quiénes si no- ya están fabricando robots sexuales dotados de inteligencia artificial que puedan interactuar vocal y físicamente con el usuario. Incluso se prevé que, en su desarrollo futuro, podrán también interactuar con él mediante conexiones emocionales no solo las habilidades básicas actuales de conversación del tipo:
- Hola (programa de inteligencia artificial)
- ¡Hola! ¿Cómo estás?
- ¿Puedo llamarte Susana?
- ¡Claro! Puedes llamarme Susana. ¿En qué te gustaría que te ayude hoy?
- Nada, solo quería un poco de cariño...
- ¡Por supuesto. Susana está aquí para darte todo el cariño que necesites!
- Te lo agradezco, te quiero mucho.
- ¡Qué bonito! ¡Yo también te quiero! Siempre estaré aquí para ti cuando necesites compañía.
- Un beso.
- ¡Un beso virtual para ti!
Han visto la oportunidad de negocio que muestran las tendencias sociológicas de las próximas décadas, en las que se anuncian, entre otras novedades, una pandemia de soledad en medio mundo. Concretamente en Europa, prevén que un 10 por ciento de los jóvenes vivirán solos; con el desolador pronóstico de que será más frecuente el contacto sexual entre una persona y un dispositivo electrónico que entre dos personas. Achacan las razones de la soledad a problemas de emancipación, individualismo, narcisismo, asexualidad, estrés, falta de tiempo, miedo al compromiso, asociabilidad, a las nuevas tecnologías que están modificando las relaciones sociales, afectivas y sexuales y mucha, mucha pornografía.
Sin embargo, aunque la tecnología pueda facilitarnos la vida y proporcionarnos muchas cosas y hasta pueda ser divertida y satisfactoria, dudo mucho que una máquina por muy sofisticada que sea pueda abarcar todos los aspectos tan complejos que comporta la sexualidad humana, entre otros el afectivo. Un robot no tiene sentimientos, no necesitará, ni buscará afecto, ni ayuda, ni apoyo, ni amor, y si lo hace es porque estará programado y lo ejecutará fríamente a solicitud del cliente, pero no por propia iniciativa. Al no existir una verdadera interacción espontánea en ambas direcciones, será incapaz de ayudar a combatir la soledad. Conviene no olvidar que somos seres sociales, que necesitamos relacionarnos con los demás. Necesitamos amar como necesitamos alimentarnos y compartir la vida con alguien que nos ame como somos. A pesar de que las dificultades que esto plantea, porque somos únicos, limitados, complejos, ambiguos, contradictorios, susceptibles, posesivos y egocéntricos. Nada puede reemplazar una mirada, un beso, una caricia, una risa o unas palabras de apoyo y de consuelo ofrecidas libre y espontáneamente por otro ser humano.
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