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¿Nadie aprecia el desmantelamiento de nuestra Sanidad pública?

4 de Septiembre del 2024 - José Viñas García (Oviedo)

¿Desde cuándo empezamos a pasar de la prevención de enfermedades a ir desatendiendo a casi todas? Lo pregunto más que nada porque hace 30 años teníamos una de las mejores sanidades públicas del mundo, sino la mejor, y ahora la estamos desmantelando entre todos por completo.

¿Por qué hace 30 años los enfermos crónicos y dolencias sospechosas de enfermedad grave se les daba celeridad y atención casi inmediata y ahora casi no importan a nadie? Es más, solo por el simple hecho de estar de baja se atendía rápido, salía caro tener a trabajadores jóvenes de baja laboral solo por falta de diligencia médica y hospitalaria. Ahora no, ya una simple dolencia, una operación sencilla, una prueba necesaria para acelerar todo, una atención inmediata del médico de cabecera, del especialista de turno... Todo se hace con lista de espera, en muchos casos imposibles de asimilar.

Repito, ¿por qué hace 30 años llamabas o ibas sin llamar al médico de cabecera y te atendía o acudía a casa del paciente como algo normal y funcional? Ahora no, para todo queda el saturar las urgencias hospitalarias, donde se salta por necesidad la atención primaria y secundaria (médico de familia o cabecera y especialista de ambulatorios), recuerdan cuántos ambulatorios se construyeron para ahora no representar más que una atención primaria o casi cerrados por falta de personal adecuado.

La atención primaria, ese primer contacto en busca de proporcionar respuestas a necesidades frecuentes. Es así como debiera estar orientada la promoción de la salud y la prevención de enfermedades. Además de contemplar procedimientos de recuperación y rehabilitación para una población muy envejecida que tal parece no importa a nadie. Como si todos fueran a ser jóvenes por siempre. Recuerden, llegarán ahí más pronto que tarde, todo cuanto dejen de hacer por sus mayores y ancianos lo sufrirán ustedes por partida doble, la desidia y la dejadez se acumula. Costó mucho desarrollar una sanidad proyectada a los pacientes, para convertirla en patrimonio casi solo de profesionales y sus familiares, hablo de una atención a tiempo y en forma.

Lo referente a la prevención era crucial, ya no lo es, con este nivel se evita la aparición de enfermedades que son gasto, tiempo y poner en peligro la vida del enfermo.

Vean, así definíamos la atención secundaria: “Este segundo nivel de atención se diferencia del primero en que brinda servicios de carácter ambulatorio en hospitales y otros centros. Considera la cirugía general, la psiquiatría, la medicina interna, la pediatría y la gineco-obstetricia. Se llega a estos servicios a través de las interconsultas o referencias generadas en la atención primaria. La prevención en este nivel pretende identificar precozmente una enfermedad. Se realizan, para este efecto, análisis periódicos, así como tratamientos que buscan evitar el avance de alguna patología hallada en su fase temprana”.

Pues ya nada funciona con esa determinación protocolaria.

Vean cuánto tiempo de espera tiene un paciente con una hernia inguinal u otras operaciones simples en ser operado en la sanidad pública. Vean cuánto tardan en hacerle una colonoscopia o una resonancia magnética necesarias para determinar y dar solución a tiempo a los pacientes. Ya no digamos cuando esa operación en espera vaya acompañada de dolor y de angustia en el paciente. Sin contar horas perdidas de trabajo. Es que hay listas de espera en algunas especialidades que rozan el delito por la pachorra de meses y hasta años de espera.

Vuelvo a repetir, ¿por qué hace 30 años funcionaba bien casi todo y ahora no funciona casi nada? Qué fuimos permitiendo y haciendo mal para que ya existan listas de espera hasta en la sanidad privada por la falta de atención en la sanidad pública. Además de ese doble gasto que les ocasionamos a los ciudadanos.

Se dan situaciones curiosas, sino vergonzantes, el mismo especialista al que deberás esperar meses para ser atendido por la pública, le llamas a su privada y te atiende al día siguiente. Todo esto y mucho más convierten la gestión de nuestra Sanidad pública en una descarada dejadez política.

Pues nuestros políticos están más dados a gastar tiempo y dinero en cooficialidad de jeringonzas (bable que nadie habla), a negociar pactos por afán de poder, dar impunidad a corruptos y delincuentes, proteger lobos, osos y jabalíes... que a proteger a los ciudadanos, a los que se deben. No importa más que el bienestar de los políticos, su poltrona y seguir rucando de todos nuestros impuestos.

El Estado del bienestar, solo para ellos.

Vean a Barbón, irá al congreso a aplaudir a su jefe hasta con las orejas en vez de oponerse a ese cupo catalán (privilegio fiscal) que perjudica seriamente a comunidades como la de Asturias.

Defender la sanidad pública, para qué.

Defender la solidaridad entre territorios, para qué.

Defender la igualdad de todos ante la ley, para qué.

Defender el Estado de derecho, para qué.

Defender la separación de poderes, para qué.

Defender la Constitución, democracia, la libertad, los derechos... para qué.

Defender la dignidad y la decencia, para qué...

Solo les importan el poder y los cargos que se reparten sin pudor y vergüenza.

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