Ribadesella: playa y fiestas de verano
El verano del veraneante toca a su fin, pues ya estamos en el mes septiembre y la rutina de todo el año se va imponiendo.
Los alumnos regresarán a la aulas en todos los niveles educativos, ello explica que el largo periodo vacacional de los estudiantes se agote.
En Ribadesella por septiembre hay cantidad de grupos de jubilados con su guía, son los que dan vidilla a la villa.
Ahora es el tiempo de valorar el verano en este municipio de Excelencia Turística.
La playa de Santa Marina estuvo cerrada al baño varios días por contaminación de bacterias. La prensa habló de la “Eschericha coli” y sus problemas sanitarios.
La depuradora ubicada ilógicamente en la Mediana, que costó bastante dinero público, ¿para qué sirve?, ¿funciona adecuadamente?
La sanidad es un pilar fundamental de nuestra sociedad moderna, pero en Ribadesella tenemos en la playa urbana más importante un solo servicio ubicado en los locales de salvamento playero.
Al lado de este servicio hay otro de minusválidos, cerrado con llave.
Me pregunto que si así seguiremos siendo municipio de Excelencia Turística, a lo mejor nos degradan por nuestro mal comportamiento.
Las banderas azules rotan. Un verano una playa tiene esa bandera, sinónimo de calidad, y otro verano pierde dicha bandera.
La playa de Santa Marina tiene la Q (Quality) de calidad, ¿la perderemos?
Un país moderno como el nuestro, que elimina las barreras arquitectónicas para todo el mundo (no solo para los minusválidos), se preocupa por la calidad de las aguas tanto de baño como de consumo humano.
El Principado de Asturias tiene un programa de control oficial de zonas de baño, algo lógico, ¿qué es lo que falla?
Aunque haya un solo minusválido que necesite los servicios del final de la playa, es suficiente para que estos estén abiertos.
Digo más, es una necesidad, ¿a quién corresponde esta decisión? ¿Le echaremos la culpa a Costas como siempre? Después del verano los servicios se cierran, en un paseo en el que hay muchas personas caminando y haciendo deporte. Todo un absurdo propio del tercer mundo. De la programación de festejos, mejor no hablar.
Lo único valido fueron las fiestas de Virgen de Guía, las cuales organizan los marineros.
La semana de Piragües, un desastre. El lunes con la novedad de la “Macrodiscoteca”, que no se bien qué es, salía Espinete, Oliver y Benji, etc. Para ver esto mejor poner un CD o un lápiz de memoria.
Las otras orquestas son manifiestamente mejorables.
Riosellanos, copiemos de Llanes o Arriondas, pues nos ganan por goleada. La fiesta más importante del verano riosellano era la de Santa Marina en la playa. Como decía mi querida madre, la fiesta de los ricos.
Ahora ni de ricos ni de pobres, pues casi no existen.
El domingo con la procesión, por cierto bastante pobre, terminaron los actos.
¿Verbena en la Plaza Nueva el domingo? Para qué. ¿Y la del fin del verano? Vamos para el veroño.
Tresmonte, un pueblo remoto de la España vaciada, celebró su fiesta en honor de San Agustín. El tiempo nos respetó, ya que en Ribadesella hubo una galerna que suspendió la Feria del Libro en la Plaza Nueva y Fartukarte, pero en el valle de Tresmonte solo tuvimos orpín, como dicen en Mieres (orbayu muy fino). ¿Sería por la protección del Santo?
En fin, Tresmonte, que vio nacer a D. Manuel Fernández Juncos, un ilustre asturiano en Puerto Rico.
Después de larga ausencia en un país remoto, D. Manuel regresó a Tresmonte, iba a ver y abrazar a mi buen padre, aquel sencillo aldeano de corazón tierno y alma candorosa, iba a visitar el dichoso alberque donde nací, asentarme en el mismo hogar, junto a la misma mesa de roble donde había recibido el último consejo y la última caricia de madre, a beber en la misma fuente donde saciaba mi sed cuando niño y a recorrer aquellos inolvidables senderos que había sido testimonio de mi infancia y teatro de mis inocentes años.
Las Escuelas Públicas de Ribadesella llevan su nombre. Gracias a él se conservó el castellano en Puerto Rico. Creo que actualmente en dicha isla se habla el “spaninglis”, por ejemplo dicen: “Oye, chico, abre la wuindos que hace mucha jia”.
Don Manuel luchó para que esto no pasara, pero el mundo es poliédrico, como decía Felipe II: “No se puede luchar contra los elementos”. Gracias, don Manuel Fernández Juncos, por tu ejemplo en la vida, el cual yo trato de imitar pero sin conseguirlo.
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