Yo también tengo un sueño
Todos, supongo, lo tenemos. Claro, aunque ya seamos ocho mil millones los que soñamos, los que trascienden son cuatro. O sea, el de Luther King y tres más.
Evidentemente que estoy hablando, escribiendo, de sueños en vigilia. La diferencia fundamental entre el de King, "sueño que mis cuatro hijos vivan un día en una nación donde no sean juzgados por el color de su piel sino por su carácter", y el mío es que King soñaba pensando que su sueño acabaría por hacerse realidad, yo lo hago convencido de la pura utopía que es el mío.
Pero bueno, supongo que a manifestarlo tengo tanto derecho como él. Así que este es mi sueño. Motivado por personajes como Sánchez o Maduro. O como Idi Amín, que después de más de 500.000 asesinatos atroces, acabó sus días tomando felizmente el sol en una acogedora sombra de Arabia Saudí.
Planes similares son propuestos para Maduro y, supongo que, si algún día se viera Sánchez en una situación similar, similar sería el pedimento. Sus viles actos estarían cancelados con simplemente trasladarlos a otro a país a disfrutar de sus "bienhabidas" fortunas.
¿Es ese el criterio de justicia que tiene una humanidad que ha llegado a un nivel tecnológico capaz de crear naves interplanetarias?
Pues sí. Qué cagada. De ahí que mi sueño, pues no. Ni a Maduro ni a Sánchez, y aquí tengo que incluir al Rey, hay que echar. ¡Ni hablar! Simplemente hay que trasladarlos. Ellos, así como sus respectivas esposas, en mi sueño, serían trasladados, de forma vitalicia, a las cárceles más miserables de España. ¡Ah! Y bien alejadas entre sí. Porque haberlos los hay y, de estar cerca, posiblemente no faltarían voluntarios para hacer un túnel que les comunicara y darles la posibilidad de hacer un cuarteto de cámara (sin acento y sin ra) que quién sabe. ¡Pero!
Como he dicho, ni pizca de esperanza de que esto vaya a ser así. Cónchale... Lástima de sueño.
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