Ya queda menos, porque la vida en el planeta y en el mundo se esta acabando
Mi amigo Juan vivía su última soledad en la residencia. Con el paso del tiempo, que nos trae cosas buenas y malas, la depresión que llevaba anclada en el ADN resurgió hasta el punto de que no soportaba estar vivo y se tiró delante de un camión, pero... no murió del todo, quedó un resto que más tarde un ictus recortaría, iniciando así un declive irreversible. Desde la soledad, quedó suspendido en un espacio vacío al que yo intentaba asomarme con un poco de amor, es decir, con mucha paciencia.
En nuestra última conversación me preguntó: -¿Volveremos a vernos?. - Depende de adónde quieres ir a parar, al cielo de los ángeles, al infierno de Dante, al purgatorio de no sé dónde, o a la Tierra... -Pues... al cielo. -¿Y qué harás allí, flotar entre las criaturas espirituales que existen desde hace millones de años? Ten en cuenta que allí no tendrás una mujer a la que abrazar, ni un perro con el que jugar, ni un vaso de vino, ni una guitarra, ni un balón de fútbol. -Entonces... ¿tú dónde estarás? -Dios hizo a sus hijos humanos para vivir en la Tierra, no para morir, pero, eso sí, vivir en paz, con amor y respeto, con inteligencia no artificial, con alegría y la satisfacción de hacer cosas para uno mismo y para los demás. Ya sabes, Adán perdió la perfección y comenzó a morir el día que rompió su dependencia de Dios. Nuestros hijos nacen heredando esa imperfección, algo así como que al llegar a la edad adulta cuando nuestro sistema celular se renueva cada seis meses, deja de hacerlo y comenzamos a morir, la perfección significaría mantener esa regularidad siempre, vida para siempre. Pues, que la vida sin dependencia del Creador y Sostenedor de la vida, no existe.
Aun así, Dios quiso rescatar a todo aquel que ante la prueba no hubiese tocado el árbol de la vida y la muerte, es decir: el derecho y la necesidad que tiene el Creador del universo de decidir lo que está bien y lo que está mal. La última palabra sobre una ley moral, tan necesaria para los seres humanos como las leyes físicas. "Aunque no tienen ley, son una ley para sí mismos. Ellos mismos demuestran que la esencia de la ley está escrita en sus corazones, a la vez que su conciencia da testimonio con ellos, y ellos son acusados o incluso disculpados por sus propios pensamientos" (Romanos 2:12-16). Conciencia... ah, efectivamente, necesitamos la ley moral.
Con la actitud que se respira en este mundo, ya vemos que ni se podría vivir en el cielo, ni hay futuro en la Tierra. ¿Se podría con nosotros? En ese caso, esto se nos promete: "¡Mira! La tienda de Dios está con la humanidad, y él residirá con ellos, y ellos serán sus pueblos. Y Dios mismo estará con ellos. Y limpiará toda lágrima de sus ojos, y la muerte no será más, ni existirá ya más lamento ni clamor ni dolor. Las cosas anteriores han pasado". (Apocalipsis 21:3,4).
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