Adios a Fujimori

14 de Septiembre del 2024 - Javier Arjona (Siero)

Fujimori, uno de los mandatarios más corruptos del mundo.

Dicen si le querrán en el infierno, o conseguirá hacer arreglos allí para hacerse con el poder infernal.

Ha fallecido en libertad el que estaba condenado por algunos crímenes (La Cantuta, Barrios Altos, y los secuestros de periodistas), y pendiente de otros juicios por violaciones masivas a los Derechos Humanos durante su mandato como presidente.

Los crímenes que se le achacan al Edmundo recién acogido en Madrid (como agente de la CIA con protagonismo directo en los escuadrones de la muerte en El Salvador) palidecen frente al prontuario fujimorista, conocido de siempre, pero analizado en términos judiciales tras su caída y huida al Japón.

Y si llegó a la presidencia mostrando una mejor cara que su contrincante Vargas Llosa como representante de la derecha y de la extrema en 1990, a los pocos meses se vería su verdadera personalidad, con una soberbia que le sobrevive en algunos de sus familiares y allegados políticos.

Soberbia que le hizo volver de su protección nipona, pasando por Chile para ver las condiciones, e intentar de nuevo sus escaramuzas con las élites peruanas, sin duda con el visto bueno de sus padrinos yanquis.

Soberbia con la que posaba sobre los cadáveres de los guerrilleros del MRTA, a los que había traicionado, él y el cardenal espía Cipriani, y en todo caso estaban inermes y detenidos antes de ametrallarles indefensos en una bárbara y presumida ejecución extrajudicial. (Ocupación de la Embajada de Japón en Lima-1996-97).

Soberbia con la que argumentaba sobre los 5.000 presos y presas inocentes en su mandato (a muchas de las cuales pudimos entrevistar en el penal de mujeres de Chiclayo), con aquella frase nada original, fruto de manual de la CIA: “Son inocentes, pero alguno habrá entre tantos que sea cómplice de los subversivos”.

Fujimori ha fallecido de viejo. Montesinos (abogado de narcos, y que había sido expulsado del ejército), su mano derecha en las acciones de corromper a todos, militares y políticos, verdadero artífice y funcional a la ambición fujimorista, sigue preso.

Vargas Llosa, también anciano, ha preferido apoyar desde su tranquilidad millonaria madrileña, a la heredera del fujimorismo, buena pieza también de la “ingobernable”, pero “conducida” con mano dura población peruana.

Pedro Castillo, el último presidente elegido, permanece, en un desastroso olvido, prisionero preventivo del golpe palaciego que logró defenestrarlo.

¿Y Felipe González, durante cuyo gobierno se afianzó a Fujimori, nada menos que con miles de millones comprando a la Telefónica pública peruana, cuando “el chino” como allí le llaman, había disuelto el Congreso, y tras su golpe estaba gobernando a dictado y alianza con los generales?

Fujimori, cierto es que sentó precedente que debiera ser más habitual, al ser enjuiciado y condenado en vida por sus crímenes, cosa que no se ha repetido todavía en el continente.

A Fujimori le pudimos ver de cerca, disfrazado de altiplano, en la ciudad de Puno cuando hacía campaña por “su” constitución. Una constitución que no necesitaba para su forma de gobierno, (excepto para legalizar su reelección) pero que indicaba el camino habitual de neoliberalismo extremo, y de reinstauración de la pena de muerte. Una medida de muerte que por cierto apoyó el muy católico y opusdeísta obispo entonces y premiado como cardenal después, Cipriani, buen cómplice de Fujimori.

Fue precisamente Puno la única provincia donde el no a la constitución fujimorista ganaba en aquel referéndum forzado: y no nos extrañó: pudimos en la delegación asturiana de Las Segovias de entonces ser testigos de cómo la rebelde población de Puno insultaba y hacía correr cómicamente a la comitiva del candidato Fujimori.

Además del indulto del millonario presidente PPK, Fujimori, pese a su condena en firme había recibido una pensión vitalicia, como otra muestra más de las influencias, sociales, políticas y empresariales que el fujimorismo deja en herencia para el Perú.

En su muerte, una conocida artista peruana ha sentenciado: “Se fue como un cobarde sin pagar por sus delitos y sin pedir perdón”.

Otra comunicadora influyente ha dicho: “Los delincuentes también tienen familia y jamás cuestionaré el dolor que hoy puedan sentir. Para mí se fue un dictador, un hombre que pudo hacer mucho por el Perú y prefirió ser un criminal”.

Fujimori pocos meses antes de su fallecimiento había anunciado su intención de optar de nuevo a la presidencia del país.

Tal vez su hija Keiko lo intente por cuarta vez, pese a estar también acusada de corrupción.

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