La despedida

18 de Septiembre del 2024 - Fernando Vijande Fernández (Castropol)

Y un día de madrugada salió Juan por la puerta de atrás de la casa para no hacer ruido y la dejó cerrada solamente con el pestillo. Antes de salir miró al techo buscando una última respuesta que le animara a quedarse, pero lo único que quedaba eran unas telarañas blancas colgando como si fueran flores de sauco en primavera.

Quiso marchar sin despedirse, pues, no le gustaban las despedidas, ni los abrazos forzados, ya tendría tiempo de escribir una carta cuando llegara a su destino.

Tal vez, pensó, estaría bien volver a sentir ese aroma, ese olor que emanaba de su cuerpo en la intimidad, que animaba a cerrar los ojos y embriagaba con su fragancia de rosas recién cortadas, pero, no, no podía permitírselo.

Aún así, sucumbió a la tentación, subió a la habitación con intención de echar una última mirada a ese cuerpo dormido y tantas veces soñado e imaginado.

Abrió la puerta y miró en la penumbra por última vez y repasó cada contorno de su cara, de su pelo, de su ávida boca besada mil veces con pasión, de sus ojos cerrados que imaginaban vivencias oníricas y pensó en sumergirse en ellos y naufragar y agarrarse a sus pestañas y cambiar los sueños, pero, no lo hizo, dio la vuelta y se dispuso a marchar.

Cuando se alejaba sintió una voz que decía: "¿Te vas sin despedirte?".

Juan se dio la vuelta y habló despacio y en voz baja para no despertar al niño que dormía plácidamente en su cuna: "Ya nos lo hemos dicho todo".

"Siempre nos quedará alguna cosa", le dijo la mujer.

"Sí, es cierto", asintió él echando una última mirada al niño.

"¿Me escribirás cuando llegues?".

"Sí, ya te mandaré la dirección, pero necesito un tiempo para reflexionar".

"¿No lo podemos arreglar antes de marcharte?".

"Esto no tiene arreglo, ya lo hemos intentado muchas veces".

Ella, mirando al niño, le dijo: "Te va a echar de menos".

"Y yo a él, pero no soy su padre".

"Como si lo fueras, este año que has estado con nosotros hiciste la función de padre".

"Sí, pero todo se acaba, lo superará y tú también".

"El cariño y el recuerdo perdurarán siempre", dijo ella.

"Sí, es cierto, ya lo hablamos, pero la pasión se terminó y yo quiero ser honesto contigo y con el niño". "Quién sabe, igual la distancia nos sanará", contestó él.

"Te dejo las llaves en la cocina", dijo él.

"Llévate una por si un día nos haces una visita", le respondió ella.

"Algún día os llamaré, adiós".

La puerta de la habitación se cerró y el silencio envolvió el cuarto en penumbra acentuando el dolor de la despedida.

Afuera, en lo alto del camino, el sol pugnaba por abrirse paso ante una díscola nube que se lo impedía.

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