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La importancia del relato

19 de Septiembre del 2024 - Javier Cortiñas González (Tarragona)

No creo necesario recordar que llevamos viviendo -prácticamente desde la Transición- los relatos que nos han ido contando las narrativas de izquierdas. Los que la ejercen y divulgan dictan la historia del pasado reciente, asumen que su credo político es el verdadero y por consiguiente son sus partidos los únicos que están legitimados a detentar el poder. Lo mismo ocurre en otras áreas como la educación, la ideología de género, la literatura, el cine, el arte, los medios de comunicación, la ecología, etc. Todo pensamiento, ideología... contrarios a su verdad universal, un verdadero dogma, están totalmente deslegitimados por principio como carcas, fascistas, o criptofranquistas. En consecuencia, no merecen ninguna consideración, ni discusión, ni intercambio de ideas. No hay que perder en ellos ni un segundo. Simplemente se ignora o se desprecia. Y ocurre que los que no pensamos así no somos de capaces de elaborar otras ideas ni otros modelos opuestos a los vigentes que sean más atrayentes, ya sea por incapacidad intelectual, por comodidad, por cobardía, o por miedo a ser cancelados. Basta observar la actuación de los partidos políticos de la oposición para constatarlo. Mientras su discurso político esté orientado a esperar lo que hace la coalición de partidos que gobiernan, para responder con bravatas dialécticas, carentes de músculo, será muy difícil que la oposición tenga opciones de gobernar. Hace falta presentar un relato que ilusione a la sociedad española, con modelos de gobierno orientados a resolver los problemas de la cosa pública, con unos objetivos claramente diferenciadores. Aquí es donde radica la importancia del relato.

Dejo, a continuación, las consideraciones que sobre su importancia hacen otros autores:

"Si uno quiere cambiar la sociedad debe comenzar por dominar la narrativa". Toda transformación social es esencialmente narrativa, no legislativa. Primero viene el relato, después la ley. No son las leyes las que cambian la sociedad, sino las narraciones, los cuentos, las historias, convertidas en películas, series, libros, cómics, videojuegos, Instagram o TikTok. Las leyes vienen después, para dar carta de ciudadanía a las moralejas que estas historias han inyectado en la sociedad, convirtiéndolas en supuestos clamores sociales, que es necesario satisfacer en aras de la ideología. La narrativa importa, claro. Importa muchísimo, tanto que resulta un factor determinante del cambio social. En 1932, José Stalin, reunido con cuarenta escritores rusos, pronunció lo siguiente: 'Nuestros tanques son inútiles cuando quienes los conducen son almas de barro. Por eso afirmo que la producción de almas es más importante que la producción de tanques. Vosotros tenéis que colaborar en la transformación de sus almas. La producción de almas humanas es de suma importancia". Para conseguirlo, el régimen soviético se apoyó en la narrativa. Libros y cine debían ir de la mano para realizar su trabajo. En un entorno cultural en el que solo un 20 por ciento de la población rusa sabía leer y escribir, los escritores debían situarse, inevitablemente, al servicio de la radio y el cine, los medios más eficaces para transmitir su ideología a las masas analfabetas.

"Los nazis también supieron aprovechar la relativa novedad del medio audiovisual y lograron que funcionase a la perfección. El objetivo principal del Ministerio del Reich para la Ilustración y Propaganda consistió en asegurar que el mensaje nazi se comunicara con éxito por todos los medios a su alcance. El arte, la música, el teatro, la literatura, la radio, la prensa, los materiales escolares y, por supuesto, el cine, al servicio de la ideología del partido. Tan importante fue el cine para ellos que una de las primeras decisiones que Goebbels tomó como ministro de Propaganda fue la de crear una flota de más de mil cines itinerantes para que las películas producidas por él llegaran hasta el último rincón de Alemania". Diego Blanco Albarova.

"El que establece tu narrativa histórica es el que tiene poder sobre ti como pueblo y como individuo. Somos la historia que nos contamos. Tu deberías contarte tu historia; si alguien más te cuenta tu historia, ese alguien más es tu amo y señor, sobre todo porque si ese alguien te cuenta una versión de la historia que altera tus emociones negativas, controla tus emociones y manda sobre ti. Las narrativas históricas le dan poder al que las establece y se lo quitan al que simplemente se las compra". Juan Manuel Zunzunegui.

¿No tenemos entre nosotros dos ejemplos evidentes de las consecuencias prácticas de los relatos que nos llevan contando vascos y catalanes desde hace más de cien años, y que todos los gobiernos han comprado y siguen comprando?

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