Invertir y educar en Prevención
No hace mucho, unos análisis del nivel de cumplimiento de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales reflejaban graves deficiencias en la misma, causadas por su propio desconocimiento de manera principal en pequeñas y medianas empresas. La Evaluación de Riesgos, la Planificación Preventiva adecuada a los riesgos existentes debe ser una constante y un objetivo que impulse la actividad preventiva en las empresas. Los accidentes de trabajo no son producto de la casualidad, vienen de una falta de rigor en la gestión e integración de la Prevención de Riesgos en el sistema productivo de las empresas. La relajación en materia de seguridad es un tanto preocupante y se puede, incluso, observar a pie de calle en algunos sectores productivos, también en determinados trabajos de la Administración local, por lo que es necesario recordar que la Prevención de Riesgos debe de ser considerada como un valor estratégico y de eficiencia en el trabajo, por lo cual no se debería considerar la Prevención como un coste y sí como una inversión con la que conseguir evitar y reducir los diferentes riesgos en el trabajo, resultando siempre rentable para todos, trabajadores, empresas y, en general, para toda la sociedad.
La falta de una Cultura Preventiva se puede paliar a medio y largo plazo desde la base escolar, en las etapas educativas, habida cuenta de que los estudiantes de hoy serán los trabajadores y empresarios del mañana, por lo que se debería dejar una puerta abierta para que nuestros jóvenes vayan pasando etapas con el valor añadido de la Prevención y poder llegar a conseguir un mundo laboral más seguro y saludable. Educar en Prevención debería ser una demanda social en la que las administraciones no deberían permanecer ajenas, incluidas las locales, como primer garante de la salud de sus ciudadanos.
Toño Piquero
Pola de Siero
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