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Pueril ley de proyectos estratégicos

21 de Septiembre del 2024 - Carlos Muñiz Cueto (Gijón)

Sin la búsqueda de la excelencia competencial no hay competitividad. Producir, vender los productos y obtener riqueza para distribuirla, y volver a empezar. Absurdo o no, así esta establecido el sistema desde que existe evolución: transmitir conocimientos los unos a los otros o extinguirse: ¿estará Asturias extinguiéndose industrialmente y empobreciéndose?

Se habla mucho pero pocas realidades se ven. Para cambiar esto hemos de poseer los conocimientos requeridos y transmitirlos. Pero los conocimientos específicos para la excelencia competencial cambian rápido y constantemente. Muchos nos serán desconocidos si no los actualizamos, y entonces llegaremos tarde a competir y triunfar. No solo hemos de transmitir conocimientos, si no también inculcar la necesidad de revisarlos y mejorarlos constantemente: ya que los conocimientos transmitidos en la formación inicial siempre serán incompletos. A lo largo de los años he aprendido a tener más clara la comprensión de todo esto: hace más de cincuenta años, tras dos años en una ETS de Ingeniería y tres años en una EUITI en la especialidad de mecánica (con buen expediente en lo último), hice unos cursillos para ingenieros técnicos sobre organización y preparación del trabajo mecánico en una institución del Ministerio de Trabajo, y comprobé que mis conocimientos eran absolutamente incompletos. Pero eso no fue lo más grave, sino que cuando pasé laboralmente al mundo del acero comprobé que no sabía nada de nada: así que tuve que pasar años de trabajo y esforzados estudios autodidactas con mínima transmisión de conocimientos por parte de los compañeros de trabajo, pues ellos no estaban para enseñarme, sino, o incluso, para competir conmigo. Además, las empresas solo desean producir a plena competencia y eficacia de sus trabajadores. Comprendí entonces que habría que hacer algo, y, cuando el Ministerio de Trabajo me dio una oportunidad, la aproveché. Desde mi experiencia de 37 años impartiendo cursos de formación permanente específica en la tecnología de automatización oleohidráulica (a alumnos de 30 años de media, el 50% con estudios de grado o similar y casi el 100% con experiencia) sé que lo que se dice y se habla en este país sobre formación: es pura banalidad: faltan por estructurar formativamente muchos conocimientos específicos: lo que requiere plantear muchas horas lectivas posteriores que exigen una formación permanente a todo lo largo de la vida laboral de los alumnos. A nadie en el mundo exterior al nuestro se le ocurre banalizar lo que es considerado el proyecto más estratégico para la competitividad de la industria y la obtención de riqueza: la formación permanente en sus dos vertientes: la ocupacional de los primeros niveles del EQF en busca de la excelencia en la aplicación de las técnicas de una ocupación, y la específica de los cuatro últimos niveles del Plan de Bolonia en busca la excelencia en el conocimiento específico de tecnologías comunes a varias ocupaciones. Se genera así la excelencia competencial de los trabajadores y, a través de ellos, la excelencia en la competitividad de las empresas. Es a esa formación a la que se ha banalizado. Por eso me parece pueril y un engaño, creer que con la ley de proyectos estratégicos Asturias resolverá su problema: no se ha sabido captar que el problema es cultural y estructural de los cimientos.

Hace 40 años el mundo académico temía por su poder para certificar conocimientos (pues había conocimientos que no poseía ni tenía estructurados formativamente), así que negó la mayor o la necesidad de tales conocimientos. Los AASS querían el dinero destinado a ese proyecto público de formación permanente del que se encargarían, y a ninguno les interesaba el conocimiento, solo poder y dinero. Pues un trabajador con buenos y completos conocimientos se libera de unos y, si su empresa no le aumenta el sueldo, se libra de ella y encuentra otra. Hoy en día, desaparecidas las horas lectivas de ese tipo de formación, va a ser muy difícil recuperarlas: pues se siguen perdiendo contenidos formativos por la involución curricular y la evolución de los conocimientos que periclitan rápidamente. La única forma de mitigar esto sería seguir estrictamente el Plan de Bolonia y el Marco Europeo de Cualificaciones o EQF. Pero soy escéptico.

¿Tiene la Universidad española cuatro niveles: ciclo corto, primer ciclo, segundo ciclo y tercer ciclo o solo se ocupa de tres? ¿Se estructura la formación institucional publica desde cualquier nivel del EQF hacia la excelencia competencial siguiendo las pautas de: conocimientos (formación inicial); destrezas (formación dual centrada en ocupaciones con la empresa únicamente para evaluar resultados: que es su misión y no la de formar); y por último la pauta de las competencias (formación permanente a todo lo largo de la vida laboral centrada específicamente en profundizar en técnicas y tecnologías). En cincuenta años nada ha ocurrido ni se ha rectificado al respecto. ¿Cuánto más van a esperar para darse cuenta, o van a seguir cambiando los nombres de las cosas para hacer que hacen algo haciendo lo mismo? ¿De qué forma quieren atraer proyectos sin cambiar lo que hay de base estructural en sus cimientos? Si hace 50 años en sistemas productivos algunas regiones de España nos sacaban cinco años, ahora nos sacan cincuenta. Tenemos buena formación inicial, por eso los egresados que se van y tienen la oportunidad de completar sus conocimientos específicos triunfan. Eso es lo que nos falta aquí: la oportunidad de completar los conocimientos específicos. Sí, es cierto, necesitamos empresas capaces de hacer retornar a los que tengan conocimientos específicos, y nosotros los necesitamos en una estructura de formación permanente adecuada.

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