La libertad y la igualdad ante la ley son derechos inalienables
Los derechos y libertades costaron mucho sudor y muchas lágrimas, muchas huelgas, dinero, manifestaciones, despidos, incluso cárcel y hasta muertes el conseguirlos, pero solo se necesitará sumisión y mirar para otro lado para volverlos a perder.
“La libertad nos faculta para hacer todo aquello que no perjudique a los demás”. Este Gobierno desde que llegó, con la colaboración estelar e interesada de Podemos, Sumar y un amagüestu de grupos animalistas, ecologistas, independentistas, verdes y amarillos todos ellos, despreciando todas las garantías de libertad e igualdad de las personas ante la ley, empezaron a conceder indultos, amnistías, a censurar, señalar a hombres, jueces, medios y a fabricar o intentar leyes discriminatorias y restrictivas sin límite. Todo aquel que no esté con ellos será insultado y señalado como facha, machista, extrema derecha, misógino, racista, xenófobo, homófobo... Y luego hablan de regeneración democrática y de leyes contra los bulos.
Eso sí, dan impunidad al mismo tiempo a corruptos y delincuentes por necesitarlos como socios para seguir en el poder sin escrúpulo alguno. ¿Díganme con qué autoridad luego pueden exigir a otros ciudadanos cumplir con las normas y leyes que ellos pisotean? Con este Gobierno tienen más derechos y protección un lobo, un oso o un perrito que las personas. Abandonas un perro y te cae un plumazo, abandonas a la abuela y a nadie preocupa.
La libertad es la garantía de cualquier democracia. Cuando un gobierno empieza a censurar y señalar a ciudadanos incómodos, medios no afines y jueces independientes está convirtiendo la democracia en otra cosa. Es principio de tiranía sin más. Esa ley de bulos no es contra los bulos cuando dañan a alguien (nadie miente más que este Gobierno), ya teníamos reglamentación al respecto en nuestro Código Penal. No contra la mentira, sino contra la injuria y la calumnia (mentiras que causan daños económicos y contra el honor de las personas) ya están tipificados como delito. Lo que quieren es cerrar bocas a jueces, medios, ciudadanos incómodos y libres, no les gustan las personas con criterio propio que puedan ejercer la crítica y la denuncia pública. Si hay que castigar los bulos y las mentiras, este Gobierno se llevaría la palma, su palabra no vale nada. Mienten y manipulan sin parar, no cumplen con su programa electoral. No son mentiras piadosas, de esas que mejoran la verdad. Por eso la mentira en sí no es delito, puede incluso a veces resolver un problema que la verdad crearía.
La libertad de cada cual a expresar su opinión y hacer con su cuerpo lo que le venga en gana si con ello no perjudica a terceras personas es un derecho inalienable, como lo son el derecho a la legítima propiedad y la resistencia a la tiranía. De ahí que la crítica, salvo que sea injuria o calumnia, debe ser un derecho ciudadano sin más restricciones.
“Ningún individuo, ningún grupo o partido político puede ejercer una autoridad que no emane única y exclusivamente del pueblo”.
“La ley debe ser igual para todos, tanto si les protege como si les castiga”.
Vean que me apoyé en algunos artículos de los derechos del hombre: la libertad, la propiedad, la seguridad, la igualdad ante la ley y la resistencia a la opresión. Vamos camino de perderlos si no hacemos uso de la resistencia a la opresión y a la tiranía disfrazada en democracia imperfecta. Así como el delito de golpe de Estado, rebelión y de sedición cambiaron, ya no se hacen con ruido de sables, se usan armas más sutiles, más modernas y camufladas bajo un poder absolutista. Como apropiarse de instituciones y organismo de control, corromper la democracia, controlar Fiscalía, Audiencia, tribunales de justicia, Constitucional, todo con una gran manipulación de medios afines y sumisos ciudadanos que por interés mantienen a indecentes en el poder, también a base de retorcer, interpretar, redactar y pervertir leyes, estatutos y Constitución; como vimos el convertir en constitucional el dar impunidad a delincuentes y corruptos por el simple hecho de un señor seguir aferrándose al poder cuando el mismo antes de necesitarlos decía que era antidemocrático. Mayor indecencia institucional cuesta encontrarla en democracia alguna.
Simone de Beauvoir, con sobrada razón comentaba: “El opresor no sería tan fuerte, si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos”. Sobre el mismo punto aseveraba Víctor Hugo: “Entre un gobierno que lo hace mal y un pueblo que lo permite hay un cierta complicidad vergonzosa”.
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