La relación humana
Siempre hemos entendido las relaciones humanas como algo "natural": familias, amistades, vecinos, compañeros de trabajo... llevados de un sentimiento afectivo. Sin embargo, los conceptos clásicos se han ido "modernizando", hasta llegar a épocas donde la relación humana se centra en el yo con exceso, sin importar demasiado el bien general. Ese exceso puede parecer lógico y natural, pero... ¿realmente podemos ser felices sin tratar de hacer felices a los demás?, ¿podemos pasar la página de sucesos sin una gotita de dolor?, ¿podemos olvidar a los ancianos, a los enfermos y a los niños pequeños a los que nuestro queridísimo perro no deja descansar, o nuestro humo puede enfermar? En ese caso, podemos pasar a formar parte de una sociedad a la que se maneja fácilmente con las promesas para el yo de las políticas, el dinero o las religiones que venden sus servicios de poder interesado, el dinero fácil o la relajación moral, para aumentar las propias bases de sus imperios.
Así vamos llegando de la relación cercana a la distancia en beneficio propio aunque se jorobe el otro. Antes las guerras eran en el campo de batalla, ahora las víctimas se centran en la población civil. Hoy se sacrifican los mejores campos para plantar placas solares. El poder nos quitará la tierra y los paisajes, y habrá que comprar la mies que necesitan los miles de millones que pasan hambre. Hoy la policía seguirá jugándosela con mala gente, que saldrá libre para aumentar sus crímenes por causa de una justicia constreñida por ese poder que busca aliviar a sus clientes, a esos que no les interesa la justicia. Hasta las religiones olvidan la ley de Dios para seguir contentando a la plebe bajo la ley de una fe cómoda en la ignorancia. Un ejemplo es la homosexualidad en los seminarios (1 Corintios 6:9,10), eso relaja al que pasó vergüenza en otro tiempo, y que ahora puede sentir orgullo. Todo parecen ventajas si olvidamos que somos seres con responsabilidad hacia Dios, hacia los seres humanos y hacia nosotros mismos (Romanos 2:6-11).
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