El diablo se viste de Prada y de chismes
A lo largo de los años, si miramos hacia atrás -todos y todas- hemos cometido alguna que otra imprudencia o torpeza, seguro hemos dañado a alguien, ya que no somos dueños de la sensibilidad de los demás. Nadie está obligado a ser un santo, hasta Dios fue tentado. El diablo se viste de Prada.
Somos imperfectos y, como tales, nos tenemos que perdonar a nosotros mismos para aprender a perdonar a los demás.
No es bueno recordarnos lo vivido. El tiempo pasado pasó, no volverá por muchas vueltas que le demos al tarro de las esencias. Tampoco se dejen martirizar y señalar con el dedo, muchas veces quien lo hace, esa persona es peor que nosotros, aunque se sienta perfecta mirándose a sí misma, puede incluso sentirse culpable de ser y estar contigo.
Las circunstancias familiares, las injerencias, el trabajo, las provocaciones, las tentaciones, las insinuaciones, las mentiras por rencor y odio, la maldad, la juventud, las malas compañías, el alcohol... Todo puede influir en ti, un solo instante que suponga salirte de tu determinación será suficiente si alguien te quiere hacer daño de por vida. Por eso, no se flagelen, sean conscientes de que quien te quiere no te dañará y sabrá entender cualquier tontería sin más. Sabemos que solo los padres perdonarán de verdad, el resto, por mucho que trates de razonar, si fuiste pasto de acusaciones, aun siendo falsas o exageradas, por alguien que te quiso hacer daño, será imposible que no dejen de señalarte cuando pretendan coacción. Por eso, jamás permitas que otras personas te juzguen y señalen por situaciones pasadas, aun siendo verdad, si no fueran ciertas, peor aún, esa persona no te quiere, te querrá de rehén permanente.
Oscar Wilde dijo: “Solo yo puedo juzgarme. Yo sé mi pasado, yo sé el motivo de mis opciones, yo sé lo que tengo dentro. El daño que me han hecho, el que pude hacer. Yo sé cuánto he sufrido, yo sé lo que es ser fuerte y frágil, yo y nadie más”. Muchas veces, tratar de explicar una circunstancia que te implica es peor que dejarla como está. Sobre todo si quien te quiere hacer daño por no caer en sus provocaciones contará la película de tal forma que es imposible defenderte sin empeorar todo aún más. Quién está a tu lado, amigos o pareja, si te quiere, sabrán perdonar, sea cierta o no esa acusación hacia tu persona. Olvídenlo por salud mental. Crean, hay personas muy tóxicas disfrazadas de buenas intenciones. Si caen en tu entorno, están jodidos, tendrán que cargar con provocaciones, acosos, cuentos, dichos y medias verdades que son peor que las mentiras. De una mentira te puedes defender o aceptarla, de medias verdades, no. A mí cuando me dicen aquel o aquella hizo eso, les contesto que me importa un pimiento la vida de los demás, mientras no implique a la mía. No saben el daño que hace un chime, si es mentira se convierte en verdad; si es verdad, se irá agrandando de boca en boca. Los chismes son culpables de muchas separaciones y enfados, hay más desavenencias por lo que les contaron terceras personas que por discusiones entre ellos. Cuando sueltas un cotilleo o un chisme, aumenta de tamaño de boca en boca, hasta convertir a una buena persona en despojo del entorno, todo por ese chismorreo despreciable.
Por ello, aprendamos a perdonarnos a nosotros mismos. Todos sin excepción somos imperfectos. Solo uno sabe el daño causado y el que le hicieron. Nadie más.
¿Quién en su vida no se equivocó y cometió alguna insensatez o estupidez, quién no hizo daño sin querer o incluso queriendo? Todos hemos sido pasto de nuestra imperfección alguna vez. Convivir requiere tragar incluso con personas del entorno que te complicarán la existencia inmiscuyéndose en tu vida, hasta en la personal e íntima, llegando incluso a complicarla si no logran que tú aceptes esa provocación permanente. Las personas cuando son rechazadas se cargan de odio revanchista, esperan la oportunidad de hacerte tragar ese rechazo. Una persona del entorno que quiera dañarte, ya no tienes defensa posible. Solo queda quererte a ti mismo.
No se coman el tarro. Perdónense a sí mismos y perdonen a los demás. Serán más felices.
Dios nos hizo y quiso así de débiles, incompletos e imprudentes.
Sean ecuánimes a la hora de juzgarse y juzgar a los demás.
La vida se compone de circunstancias en cada momento, tiempo y lugar muy alejadas de la perfección de cualquier razonamiento posterior.
José Viñas García
Oviedo
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