7 de octubre de 2023
Nos afectó, nos afecta y nos afectará. La guerra es la más brutal y mortal de las violencias; pero desde que los historiadores escriben la Historia: tras una guerra se justifica la siguiente por venganza o defenderse, o para prevenir que te ataquen quienes te envidian y te quieren arrebatar la libertad de decisión sobre tu bienestar y tu territorio. La UE debería preocuparse y tomar precauciones ante las amenazas latentes sobre ella.
Por culpa de la locura extremista de Netanyahu hay una larga cronológica de hechos que no se quieren tener en cuenta por la sociedad española. Si se sabía que Netanyahu había prometido arrasar si sucedía algo como lo del 7-10-2023, ¿quién alentó a Hamás y a la Yihad Islámica Palestina a cometer aquel monstruoso acto terrorista? Si el extremismo islámico crece en el mundo como consecuencia por la respuesta bélica de Netanyahu, ¿quién lo controlará? Si Netanyahu pierde la batalla de esta guerra que está teniendo lugar en muchos lugares ya que el Estado Islámico (EI) ha declarado que no tiene fronteras y que allá donde se encuentre un muslim estará el EI, ¿qué ocurrirá con las otras batallas?
Los judíos, siendo nación de libro sin territorio, nunca quisieron dejar de ser ellos mismos. Expulsados durante siglos, buscaron un lugar de paz donde ubicarse y ser ellos mismos. Ese ser ellos mismos les granjeo el odio de aquellos que odian la diversidad del otro y su libertad para ser distintos. Su larga historia demuestra que han sido un pueblo elegido para la filosofía política, la ética, la justicia y la ciencia (Jesucristo, Karl Marx, Lise Meitner, Hannah Arendt, Enrico Fermi, Albert Einstein...). Esa singular intelectualidad les granjeo envidias y repudios: Roma los expulso hace 2000 años, España los expulsó hace 500 creándose separada una cultura preciosa: la sefardí (Spinoza, Elias Canneti...). El antisemitismo en la Europa central hizo que apareciera a finales del siglo XIX el sionismo emigrante a la Palestina otomana (compraron tierras y se instalaron). En 1917 el Gobierno británico aprueba la declaración Balfour, que promete un hogar a los judíos en Palestina cuando no existían naciones en la zona. Terminada la Primera Guerra Mundial, caído el Imperio otomano, en 1918 la Revolución bolchevique de Lenin y Stalin provocó una gran emigración de judíos rusos hacia Palestina. Los sionistas crearon granjas comunitarias (Kibutz), que tuvieron que defender de los ataques de milicias armadas arengadas por el gran mufti Al-Husseini: lo que obligó a crear en 1920 la organización paramilitar Haganá para su defensa (la Haganá -que significa “la defensa”- incorpora, insólitamente, un porcentaje alto de mujeres para la época). También en 1920 la Sociedad de Naciones, amparándose en la declaración Balfour, prometió un territorio judío en Palestina cuando terminase el mandato inglés. Por otra parte, mientras Al-Husseini (refugiado en Alemania) colaboraba con los nazis de Hitler y estos perseguían y exterminaban a seis millones de judíos (Stalin exterminó a diez millones) más de 5.000 voluntarios judíos del Mandato de Palestina formaron la Brigada Judía del Ejército británico luchando contra los nazis (se estima que un millón de judíos lucharon en los ejércitos aliados). En 1947, terminada la Segunda Guerra Mundial, la ONU establece una resolución para que se formen dos estados: uno judío y otro palestino, siendo el área circundante de Belén y Jerusalén internacionales. Por ello, el 14 de mayo de 1948, Ben-Gurión proclama la independencia de Israel con capital en Tel Aviv, ya que el 15 de mayo terminaba el mandato inglés. Ese mismo día, tropas egipcias, iraquíes, libanesas, sirias, transjordanas y voluntarios libios, saudíes y yemeníes invadieron el territorio de Israel para arrasarlo (a pesar de que una gran mayoría de ellos eran familias judías que llevaban en Palestina desde los tiempos bíblicos, cuando a la Franja de Gaza la ocupaban los filisteos). Entonces la Haganá (moderada) y el Irgún (extremista) se unieron formando las Fuerzas de Defensa de Israel (con alto porcentaje de mujeres), a las que se unieron excombatientes judíos de los ejércitos aliados. Esa guerra la ganó Israel y las siguientes también. Los países vencidos efectuaron fetuas contra Israel y, como la mayoría recibían apoyo armamentístico de Rusia, se fue armando el terrorismo nacionalista palestino: la OLP actuaba desde campos de refugiados del Líbano, la Franja de Gaza y Jordania. En 1967 sabiendo (el Mossad era el mejor servicio de inteligencia del mundo en lo suyo) que se estaban concentrando tropas y milicias en las fronteras de su entorno para atacarla, Israel lanza una ataque sorpresa y preventivo sobre tales concentraciones de tropas y en seis días acaba con la amenaza. En 1970 Jordania se enfrenta a la OLP y la expulsa de su territorio obligándola a ir al sur del Líbano, formándose grandes campamentos de refugiados. Egipto firma la paz con Israel en 1979. En 1982 Israel tuvo que invadir el sur del Líbano por el acoso de la OLP. Esto dio lugar a la formación del partido paramilitar libanés Hezbolá y en 1987 al partido terrorista Hamás en la Franja de Gaza (ambos apoyados por Irán y su Guardia Revolucionaria Islámica). En 1990, Yaser Arafat acepta la resolución 282 del Consejo de Seguridad de la ONU y firma la paz con Isaac Rabin el 13 de septiembre de 1993, dicha paz fue premiada con el premio “Príncipe de Asturias” en 1994. Ese año de 1994, Israel firma la paz con Jordania. Pero en 1995 un extremista judío asesinó a Isaac Rabin y en 2004 el mismo extremismo envenena y mata a Yaser Arafat. Se endurecen las posiciones contrarias a la paz: muchos israelíes no quieren devolver los territorios conquistados a un enemigo que aún quiere eliminarlos y los otros terroristas islámicos no los quieren cerca a los combaten: como vienen haciendo desde hace más de un siglo.
Mientras Ucrania se enfrenta sola a Rusia e Irán alienta a la lucha de Hezbolá y Hamás contra Israel, el EI quiere formar un gran Califato (Palestina, Líbano, Siria, Irak, Irán...) y hasta el Sahel (Senegal, Gambia, Mauritania, Guinea, Malí, Burkina Faso, Níger, Chad, Camerún y Nigeria); Yemen y Somalia dificultan el tráfico marítimo; y Sudán del Norte y del Sur se enfrentan con crueldad obligando a mujeres y niños (sin maridos ni padres en plena hambruna y sequía) a huir.
Todo esto denota que tiene mucho sentido la existencia de una amenaza que avanza hacia la UE provocando oleadas de refugiados en busca de paz, y genera una esperanza pesimista cuando quien lo permite no lo evita o lo ignora.
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