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Los siete mandamientos Noájidas y la inmigración

11 de Octubre del 2024 - Rufo Costales (Oviedo)

De entrada, el régimen sanchista, pro inmigrantes e invasores, ha organizado y financiado la importación de decenas de miles de inmigrantes por año, muchos de ellos en edad militar, para, seguidamente, ir "colocándolos", a veces con alevosía y nocturnidad, en comunidades gobernadas por la derecha.

Nuestros gobernantes se niegan a proteger a los ciudadanos españoles. Estamos perdiendo nuestro país, nuestra libertad y nuestra propiedad minuto a minuto, mientras el Gobierno de extrema izquierda en el poder mira para otro lado, permitiendo que bandas de inmigrantes invasores, muchos de ellos en edad militar, fuertemente armados, después de "okupar" naves y hoteles, se estén apoderando de edificios de apartamentos.

Me pregunto si, en vista del caos que está produciendo esta superola inmigratoria, no deberíamos mirar un poco más alto y buscar inspiración en las Sagradas Escrituras.

Dice el Levítico 19:33: "El extranjero que resida con vosotros será para vosotros como uno de vuestros ciudadanos; lo amaréis como a vosotros mismos, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto".

Moisés en Deuteronomio 32: "Cuando el Altísimo dio a las naciones su herencia... fijó límites a los pueblos".

Las naciones y sus fronteras, según Moisés, son elementos esenciales y divinamente sancionados de una nación.

La Biblia habla del "ger toshav", el extranjero residente que vive entre nosotros y que debe ser tratado igual que un ciudadano, se le debe brindar asistencia cuando la necesite, se le debe conceder un día de descanso sabático y se le debe brindar protección total bajo la ley.

La ley judía, que se basa en la Torá (el texto sagrado para judíos y cristianos, del Génesis al Deuteronomio), especifica que el "ger toshav" debe aceptar los Siete Mandamientos Noájidas (se cree que fueron dados a Noé en el Jardín del Edén, tras el Diluvio), un conjunto de leyes morales universales. Aquellos que no aceptan estos mandamientos no son bienvenidos y deben ser desterrados.

Estos principios de la Torá ofrecen una guía clara sobre la inmigración. Si los aplicáramos en España, la prioridad máxima de la política nacional sería, antes que nada, asegurar nuestras fronteras.

Posteriormente, dar la bienvenida a los inmigrantes, en particular a los que tienen habilidades especiales, que comparten sus valores y pueden desarrollar su economía. Estas personas contribuirían muy notablemente y de inmediato, creando actividad y empleos, impulsando la innovación, generando riqueza y generando los ingresos fiscales que necesitaremos para avanzar y salir del pozo de nuestra deuda nacional.

Una inmigración ordenada, regulada y basada en principios, haría que nuestra nación fuera más segura, más innovadora, más rica y mejor aceptada por todos.

Esto es lo que tendríamos siguiendo los dictados divinos; sin embargo, esto es lo que tenemos siguiendo los dictados humanos:

Los costes de la asistencia social para adultos se han disparado y han hecho un agujero en los presupuestos de casi todas las comunidades autónomas. ¿Y por qué? No por el envejecimiento de la población, sino por la inmigración, que ha creado aún más hogares sin trabajo.

El PIB real per cápita y el nivel de vida se están reduciendo a pesar del sólido crecimiento económico. ¿Y por qué? La inmigración está sumando personas dependientes (hogares sin trabajo) a un ritmo mayor que al que crece la economía.

El sistema de pensiones está acumulando pasivos a un ritmo mayor que el crecimiento de la economía. ¿Y por qué? Los inmigrantes también necesitarán pensiones y el tipo de inmigración que estamos atrayendo es la de bajos salarios, baja cualificación y dependencia neta.

Es decir, los jóvenes inmigrantes no querrán pagar nuestras obligaciones de pensiones actuales. ¿Y por qué? Porque no es verdad que la inmigración vaya a solucionar nuestro problema demográfico. En cambio, solo intensificará las tensiones generacionales, junto con todas las demás tensiones sociales que ya está intensificando.

Añadamos el hecho simple de que estamos acumulando enormes obligaciones de pensiones futuras para inmigrantes mal pagados y muchos de sus dependientes que, no siendo contribuyentes netos en la actualidad, nunca van a aportar contribuciones suficientes para cubrir esos costes.

¿De verdad nuestros gobernantes pretenden afirmar que añadir decenas de miles de personas a la población casi de la noche a la mañana, sin proporcionar la infraestructura necesaria para apoyarlas, es beneficioso para alguien que no sea propietario de activos (ciudadano medio), como sí es el caso de sus señorías?

Cuanto más evidente es que la ideología de la inmigración masiva ha fracasado, más desquiciados nos volvemos en su defensa, y a estas alturas, ya debería estar claro, incluso para usted que apoya todo lo que hace su partido, que todo el experimento ha sido una catástrofe masiva. Es agotador.

Saludos cordiales.

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