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Cuotas: rebajar el mérito a quien lo tiene y regalar espacio a quien no lo merece

16 de Octubre del 2024 - José Viñas García (Oviedo)

No todos somos iguales. Debemos ser iguales en derechos, ante la ley y tener las mismas oportunidades para educarnos y prepararse para sobrevivir en un mundo cada vez más competitivo, egoísta e insolidario.

Antes existían las escalas de rango por jerarquía piramidales, al de arriba del todo era imposible llegar para la mayoría de mortales, había escalones por responsabilidad, es cierto, también con sus privilegios, muchos de ellos por razón de cuna más que por mérito personal. Esa jerarquía piramidal tenía diferentes categorías para hacer importante y no hacerle perder el tiempo al de más arriba.

La sociedad, las instituciones, la empresa y la familia, estaba confeccionada por un organigrama entendible y con una jerarquía de respeto, admiración y aceptación; la actual, por dejar pasar los carros delante de los bueyes, no camina adecuadamente: pretendemos que el jefe, el superior, el director, el padre, el profesor... sean colegas del subordinado, mando intermedio, al hijo, al alumno... Escucharán eso de soy amigo de mi hijo, del profesor ni te cuento... No, tu hijo es tu hijo, tu padre es tu padre, no son tus amigos. Tu profesor es tu profesor, no tu colega. Ahora se perdió el respeto a la autoridad, se perdió el respeto a los mayores, se perdió el respeto a los demás... Ya nos creemos estar todos al mismo nivel. Ya da igual todo, la autoridad perdió autoridad, un policía, un guardia civil, un profesor, un padre... son autoridad, deben respetarse salvo que abusen del poder. Imaginen que un general, un capitán, un cabo o furriel sean colegas de jolgorio, creo que ahora están cerca de parecerse a eso; si a cualquiera se le pueden colgar galones y estrellas por quedar bien con colectivos que exigen igualdad de género o cualquier otra invención que no sea el mérito, la capacidad y la valía para estar arriba, todo se devalúa. Cómo una princesa (suena a cuento de hadas) con unos meses de campamento militar es alférez, y bien pudiera, si fallece su padre (ojalá viva muchos años) ser capitán general y jefe de todas las Fuerzas Armadas, además de Jefe del Estado. Aquí falla algo. Eso sí, no irá allá donde están los conflictos armados, allí mandarán a los preparados de verdad.

El nivel de cada cual lo marcan su capacidad, su personalidad, su educación, su rendimiento, su rentabilidad... En una palabra, el ser necesario o más necesario para algo que otros, eso eleva nuestro mérito.

Pretender cobrar igual y ser considerado como quien es mejor que nosotros engañándonos a nosotros mismos, como que todos somos iguales para todo, usar cuotas (para lo que sea) quien exige cuotas, ya está demostrando con ello de su inferioridad, está pidiendo ser aupada allí dónde por ella misma no llegaría jamás. Estamos exigiendo al de arriba que se descabalgue de su status ganado a pulso, para que el de abajo pueda mirarlo en horizontal.

Solo existe un caso, cuando la persona, por razones de salud mental o física, no pueda alcanzar la dignidad de vida suficiente, ahí sí debemos todos ser solidarios y solícitos para con esas personas. Por lo demás, convertir en horizontal el valor de cada cual es negar el mérito a quien lo tiene y regalar espacio a quien no lo merece.

Desde hace tiempo, por errada interpretación y una educación carente de referencia en valores, especialmente vía religiosa, de la que también, es cierto, ha tenido en otro tiempo desatinos en cuando a prejuicios sobre todo en la educación retraída en temas sexuales. Pero, en la parte de valores, espiritual, moral, solidaria y de respeto por los demás, fue determinante para lograr un mundo mejor. Es cierto también que muchos apóstoles, como personas imperfectas, no practicaron con el ejemplo todo aquello que predicaban y exigían cumplir a los demás. La vida misma. No son en lo personal mejores que nosotros, caen en las redes de su imperfección e inconsistencia, como todos nosotros. Por eso la ley debe ser estricta cuando medie daño a los demás. Y, si es benévola con algunos, debe serlo para todos.

Ahora no, ya nadie cree en nada, solo en medrar personalmente, así nos va.

Al faltarnos referentes educativos en valores religiosos o no, solo les pediría a nuestros gobernantes que se lean la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789. Ahí verán cómo más de tres siglos antes, los hombres lograron al menos poner por escrito los derechos fundamentales para una convivencia posible y razonable. No es posible que un gobierno dé impunidad a corruptos y delincuentes a cambio de poder y luego exigir a los ciudadanos que paguen por los mismos delitos que se les perdonó a otros por su indecencia institucional. Lo que no puede ser no puede ser, es imposible. Por eso la ley debe ser igual para todos, les beneficie o les castigue.

De ahí que la Declaración de los Derechos del Hombre diga: "La ley debe ser igual para todos, sea para castigar o para premiar; y, siendo todos iguales ante ella, todos son igualmente elegibles para todos los honores, colocaciones y empleos, conforme a sus distintas capacidades, sin ninguna otra distinción que la creada por sus virtudes y conocimientos". "La finalidad de todas las asociaciones políticas es la protección de los derechos naturales e imprescriptibles del hombre; y esos derechos son libertad, propiedad, seguridad y resistencia a la opresión".

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