Carta abierta al alcalde de Oviedo
Como ovetense y aficionado al fútbol, al de calidad, independiente de los colores que vistan las camisetas de los profesionales de este deporte, azules o rojiblancas, con la ponderación que confieren los años vividos, y contrario a los estériles pleitos e irracionales desavenencias que mantienen las aficiones de los dos equipos más representativos de nuestra región, quiero manifestar mi sorpresa y desagrado por las desafortunadas declaraciones del regidor de Oviedo, el tevergano Alfredo Canteli, tildando a los sportinguistas como "los del pueblo". No vale que, a renglón seguido, después de la esperada reacción de la alcaldesa de Gijón, Carmen Moriyón, haya querido matizar sus palabras invocando al sentido del humor. Cuando se mete la pata, hay que tener el coraje de reconocer el error y, cuanto menos, pedir perdón por el desliz. Tanto en Oviedo como en Gijón existen ciudadanos, de hecho y de derecho, nativos y acogidos, que, en el aspecto futbolístico, tienen el corazón de color distinto al del club de la ciudad en la que residen, sin que por ello dejen de sentirse plenamente integrados en su lugar de residencia. Por otra parte, el concepto político de capital no es más que el de la ciudad donde se concentran los órganos de gobierno e instituciones de un Estado o provincia, sin que por ello se conceda a sus ciudadanos un estatus superior al de otra localidad que, incluso, por diversas razones, podría tener un nivel económico superior.
El incuestionable desatino de Canteli ha quedado plenamente reflejado en la repercusión que sus palabras han tenido en diversos medios de comunicación y en los comentarios de las tertulias, algo que tendría que hacerle reaccionar y retractarse, de forma pública, para, al menos, minimizar sus efectos. Ya se sabe que el que siembra vientos cosecha tempestades, eso está hasta en la Biblia, así que lo que le queda es procurar que la tempestad amaine y no alcance el grado de tormenta. Si no sabe, o no quiere, revocar sus palabras, sufrirá una indiscutible pérdida de credibilidad y quedará en un lugar indeseado. Los asturianos, cuando esto sucede, tenemos una palabra muy conocida y sentenciosa para calificar a los autores de este tipo de provocaciones, a los que dicen o hacen cosas absurdas, pesadas, molestas o ridículas: "Babayu". Espero, y deseo, que no sea ese el apelativo que le quede de por vida.
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