No quiero seguir escuchando mentiras
Mientras sigan asesinando a inocentes en Palestina, mujeres y niños indefensos cuyo delito es no poder escapar de un territorio controlado por las tropas israelíes, renuncio a mi condición de pertenecer a lo que llaman sociedad civilizada occidental, porque no se justifica que ocurran tales barbaridades sin ninguna medida de intervención por los cascos azules, la OTAN, la voluntad divina o el ejército de salvación mundial.
Basta ya de reuniones de organismos supuestamente creados para evitar masacres humanas como la guerra en el frente ruso con Ucrania o los miles de refugiados encerrados en campamentos sin derechos humanos, ni agua, ni comida, sin ninguna perspectiva de futuro salvo morirse como chinches.
Que no sigan calentándonos la cabeza y más abajo con cifras de migrantes desembarcados víctimas de las mafias que los atracan y violan para llevarles a la tierra prometida y lo que encuentran es incomprensión, racismo, marginalidad y prostitución. El problema no es cuántos vienen sino lo que hacemos con ellos: nada...
No quiero seguir escuchando mentiras, bulos y justificaciones absurdas por la muerte de doscientas personas, fruto de la incompetencia de un dirigente político que no vale ni para presidente de comunidad de vecinos, mucho menos de su autonomía, que se permitió pasar de las advertencias de las predicciones del tiempo y de los gritos desesperados de miles de valencianos arrastrados por el barro. A día de hoy no dimitió ni está detenido.
Vale más cerrar el Parlamento que utilizarlo como corral de gallos de pelea, cada uno con sus espolones, para no resolver los problemas que todos los días deben afrontar los españoles al levantarse. No solamente el que gobierna debe saber gestionar su responsabilidad, la oposición debe entender que está para echar una mano a la gobernabilidad del país, hasta que haya nuevas elecciones. Si no el asunto de la democracia es una burda mentira, un puro teatro de intereses partidistas.
No voy a llevar pancartas contra el genocidio del pueblo palestino ni contra la contaminación del planeta, porque los que deben solucionarlo se ríen de nosotros mientras tanto llenando sus bolsillos con los efectos del cambio climático y la venta de armas. Las protestas tienen sentido cuando te haces oír ante los verdaderos culpables. Lo demás es un ejercicio de voluntarismo para justificarse uno mismo.
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