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22/11/63: Secuelas en busca de autor

23 de Noviembre del 2024 - Julio L. Bueno de las Heras (Oviedo)

Hubo un tiempo en el que no solo no circulaban desaforadamente bicis y patinetes de la acera a la calzada y viceversa, sin luces y sin reconvenciones, sino que por el mundo (ahora, el planeta) había países que se podían tomar por modelo de futuro y dirigentes de la talla de un Charles de Gaulle y de otros -menores solo en estatura- que atendían a los amigos por Harold, Konrad, Angelo Giuseppe, Martin Luther, Dwight -o, simplemente, U-. Tiempos en los que algunos lectores de este diario aún no habían nacido y otros éramos jóvenes, aprendices e ilusos, a quienes impactos como el asesinato del mitificado presidente Kennedy nos marcaban para los restos, sin sospechar ni por lo más remoto que, muy probablemente, tendríamos ocasión de migrar en tiempo y forma de este valle de lágrimas al puesto que se tiene allí, en el Reino del Padre, sin llegar a saber que pasó realmente en Dallas, y en otros lugares, antes de y durante aquel negro día de noviembre.

Si usted no lo ha hecho todavía, le recomiendo por muy diversos motivos que emprenda cuanto antes la lectura de "22/11/63", novela publicada por Stephen King para el cincuentenario de un evento que ha producido infinitamente más literatura de ficción que de Historia. Confieso que, hojeada y ojeada varios años después -la edición en mi poder es del venerado y añorado Círculo de Lectores-, esta obra casi me engancha otra vez.

En tiempos raritos como los que nos ha tocado vivir, donde no se sabe ya hacia dónde mirar, dentro y fuera del propio ecosistema, sin arriesgarse al vómito aun tapándose nariz y oídos, la idea del libro de King teje y remata una forma muy peculiar de jugar a las distopías de los '"agujeros de gusano" o como se llamen ahora esos túneles o fisuras intertemporales tan propicias para la fabulación de diversas formas reversibles del prospectivo "What if" -qué pasaría sí- propio del Análisis de Riesgos. Vamos, que a diferencia de esas sugestivas libélulas que, si al ensimismado paseo vienes preparado de casa, te inducen a la introspección, esta obra te invita al desahogo explosivo y al desbordamiento mental de poder ensayar, sin premeditación ni alevosía, acontecimientos y variantes ad hoc de episodios vividos más de cerca, lindando con picaresca o morbo, pero sin incurrir en delito o pecado contra clásicas o -sobre todo- nuevas religiones.

Cantera ya hay fuera y dentro de casa: 23/02/81, 11/09/01, 11/3/04, 01/10/17, etcétera. Y si, encima, os sale bien lo de hilvanar palabras sobre papel o bits -cuidad bien los pseudónimos si preferís evitar disgustos-, hasta puede dar para segundas partes o secuelas, no tan buenas y rentables como el original, claro, pero sí aptas para ir tirando holgadamente unos meses. Eso sí, abiertos a subidas de impuestos que se pudieran llevar por delante -para arcanos y sublimes fines, que no para vigilancia, mantenimiento y señalización de carreteras comarcales- un buen mordisco, que no pellizco, de los de por sí magros beneficios de autor novel.

Ánimo, amigos. A por ello; a por ellos. Inspiración y suerte.

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