Luis M. Alonso, gracias por ser y estar
Esa columna en página preferente de La NUEVA ESPAÑA tiene un punto de inflexión entre la realidad que vivimos del periodismo activista y ser libre con criterio propio.
Luis M. Alonso pone su sello en cada argumento con un sentido de respeto a la profesión que otros pisotean cada día. Puedes estar de acuerdo o no, pero demuestra su profesionalidad y esa libertad que le da el medio también.
No le ata ninguna norma arbitraria, no se deja atraer por quedar bien con el poder o con cualquier opción ideológica. Tampoco por colectivos muy de moda con gran poder mediático donde la mayoría cae seducido o inducido por la dificultad de ir en su contra.
No es fácil opinar en contra del feminismo misándrico de ideología de género, hablar libremente del aborto sin supuestos en menores incluso, cambio de sexo a la carta y también en menores, sea con consentimiento de padres o no. No es fácil porque serás pasto de una campaña de persecución con insultos a la persona que repercute en la profesión, porque así somos; serás un machista, facha, xenófobo, misógino... no es fácil argumentar sobre la violencia sobre la mujer, el tratar de encontrar un punto de vista diferente al machismo por simpleza y frustración. Leyes discriminatorias que delegan al hombre a la libertad condicional permanente en espera de que ninguna mujer le denuncie, no son la solución, lo vemos, todo lo contrario.
Como vimos este día con la muerte de un niño y el maltrato de otro, la violencia tenía un nexo común, la droga y el alcohol. Aquí no es cuestión de machismos, también la madre fue puesta a disposición judicial. Pero es lo mismo, el alcohol, las adicciones en general hay que estudiarlas muy a fondo en todas las violencias. Y que tanto mujeres como hombres tenemos de buenos lo que dura la buena sintonía, debemos poner a expertos a dilucidar ante una separación: amenazas, ultimátums, hijos, vivienda, bienes, hipotecas, intromisión de familia... No es todo tan sencillo como señalar al machismo estructural y a un patriarcado la violencia en la pareja. Si seguimos así, así seguiremos.
Tampoco es fácil ir en contra de la política victimista e indecente practicada desde el poder y desde colectivos varios que están protegidos y subvencionados por puro interés desde el poder establecido. El poder corroe, el poder sin fiscalización se adueña de legalidades retorcidas, de tribunales, organismos de control, fiscalías, audiencias... Y, lo peor, de medios y profesionales.
Por eso necesitamos periodistas que fiscalicen el poder, que no caigan en la comodidad o la seducción del poder. Un periodista, así como un sindicalista (Pepín, va para ti), no pueden ser amigos del poder y colegas ideológicos, deben defender su dignidad, honradez y valentía personal y profesional sin afinidades, tampoco actuar diferente por lo contrario.
Una opinión personal de un buen profesional bien argumentada es la pura esencia del periodismo a la que temen los políticos. Por eso tratan siempre de comprar a los malos, los buenos no se dejan seducir por la atracción del poder, su código deontológico está protegido desde su condición y profesión.
Gracias, Luis. Un trozo tan pequeño del periódico y qué grande parece.
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