La nación, el centro del país
Todos estamos de acuerdo en que un país no es un solo organismo, sino que está formado por distintas partes que conviven entre sí. Según como yo lo veo, los países están conformados en su nivel analítico más básico por tres secciones.
En primera instancia, y como centro total del poder social y cultural, la nación, entendida como la ciudadanía, la gente, el pueblo. Es la parte más importante, el núcleo de todo el país. En torno a ella gira, o debe girar, el resto de los segmentos.
Como segunda división, existe la patria, entendida como el sentimiento patriótico, concentra el poder espiritual del país. Tiene el deber de mantener unida a la nación, procurando que esta se sienta perteneciente al país, y manteniendo un sentimiento de hermandad y unión entre toda ella.
Por último, se encuentra el Estado, entendido como el conjunto de personas, los políticos, que rodean al Gobierno y deciden junto con él. Aquellos que hablan en el Congreso, en el Senado, o en cualquiera de las autonomías. El Estado centraliza un único poder, el gubernamental, el poder militar. Se forma a partir de un enlace entre la propia nación y la patria. Tiene la obligación de mantener educado al pueblo, garantizando que este sea conocedor del poder que posee, y debe mantener el sentimiento patriótico.
De entre todas estas partes, solo una es capaz de corromperse, el Estado. En los últimos tiempos, la nación española se ha visto abocada al fallo. La población no es consciente de que es más poderosa que el propio Gobierno y que cualquiera de los miembros del Estado no puede sobrepasarla. Los representantes políticos y sociales, esas figuras que seguimos, que nos guían, que lideran la nación, no son más que ella, y no están por encima. Deben entender que son uno más de la nación, que son símbolos, sí, pero que el poder que ostentan es otorgado de forma directa por la ciudadanía, y sin ella no son nada.
A esto se suma la presente discordancia entre los dos estamentos, la patria y la nación, lo que ha estado ocasionando una decadencia del sentimiento nacional y una gran división de la población en múltiples fragmentos, imposibilitando que esta haga uso de su poder para mantener la estabilidad del país.
Todos estos inconvenientes son acrecentados por un Estado corrupto, al cual le conviene la división y el desentendimiento de la población, prolongando entonces su propio control, e ignorando los problemas de la nación y de la patria.
Para que esta situación finalice, la nación deberá olvidar toda división política, social, económica o cultural. Volver a crear lazos con el sentimiento patriótico. Y restituir un sentimiento de unión que le permita hacer frente al Estado de manera efectiva.
La democracia se encuentra ya en un punto muerto, la nación no será capaz de superar los obstáculos impuestos por la esfera política de una manera democrática, y deberá hacer frente a su destino por medio de la unión y las armas. Habrá de presentar revolución contra el Estado, tendrá que ser liderada por personas capaces y puras que, una vez habiendo triunfado, no se dejen corromper y transfieran de manera efectiva el poder de gobierno de nuevo a la nación.
Soy consciente de la dificultad que puede reflejar esta visión, pero, a mi criterio, es la única forma de que la ciudadanía tome las riendas de su destino, impidiendo que nuestro país siga rumbo a la desgracia y haga cambiar las cosas para mejor.
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