Hay gente mala
No me refiero a la mala común, sería una obviedad. No, me refiero a esa mala, ¡mala, mala! A esa de la que no puede haber tantos/as. Aunque tampoco podemos decir que sean elementos/as excepcionales. Hay gente que nace así y, claro, siguiendo su tendencia natural, dedican toda su vida a practicar, por lo que, imagínense.
Afortunadamente, puede que no sean tantos como a primera vista parece. A lo mejor ocurre como en todos los ámbitos de la vida. En el fútbol, por ejemplo, ¿conocen muchos Cristianos y Mesis? Cuando la gente se dedica a la vaina para la que nace, pues eso.
Lo malo es que pregúntense cuántos buenos buenos se les vienen a la cabeza ahora mismo. Lo que es a mí, así, de repente, solo se me viene la Madre Teresa de Calcuta. ¿Malos malísimos? ¡Uyyy...! Estaría aquí, dándole a la tecla hasta poner moradas las yemas de los dedos. Por citar algunos: Atila, Iván el Terrible, los Adolfos Hitler y Eichmann.... Cualquier cantidad.
Además de la maldad, otra cosa que tienen en común es que se consideran "elegidos" para ejercerla. Y no se conforman con su entorno, necesitan martirizar a millones para estar contentos.
También hay malos de testículos hexaédicos que no llegan a ser Atilas. No andan por ahí a caballo dejando sin yerba los prados por donde pasan. Estos malos malos de hoy en día suelen ser más racionales. No quieren acabar con el personal. No quieren acabar con los prados. Ni mucho menos con huertas, invernaderos, criaderos, marítimos y terrestres, de cuanto bicho comestible haya. Lo mismo que no quieren erradicar ninguna institución, al contrario, quieren conservarlas, para someterlas y, con ellas, todo lo demás.
Su empeño en la vida es adquirir el suficiente poder para, a sus anchas, ejercer.
C..., oye, lo que son las cosas. Vete tú a saber. No sé por qué, pero se me ha venido a la cabeza un chiste que vi anoche.
Sobrevuelan Valencia, en el Falcon, Sánchez y Marlaska. Sánchez se hace el conmovido: C..., Manolo, la cantidad de gente que hay sufriendo ahí abajo.
Marlaska: Oye, si quieres, tira un billete de cincuenta euros y algo de felicidad le vas a dar a una persona.
Falconeti, tan generoso él: Tienes razón. Voy a tirarles uno de cien, así haré felices a dos personas.
El piloto, oyendo tanta huevonada desde la cabina, voltea la cabeza para decirles: Si se tiraran ustedes dos harían felices a millones.
Entre ellas a mí, ¡pero no! Ni de chiste. Hacer felices a millones no es lo suyo y mala yerba... Ya no me acuerdo de a lo que iba yo...
Ya. Que, como esto no es como el fútbol, que, por mucho que te empeñes, más temprano que tarde tienes que retirarte. Falconeti no tiene otra intención que ejercer de por vida. De manera que pónganse los cinturones, agárrense a donde puedan y fíjense como sea en el asiento, porque, ya vista y experimentada la catadura del propio, las curvas que vienen son de importación. No sé si el artista las mandó traer de Venezuala o de dónde, ¡pero son acoj...!
¡Y más que serán! Y los que no quieran verlo ya lo verán. Salvo los que tengan carnet del Partido, que voluntariamente ciegos seguirán. Y los que no aspiran a otra cosa, que, aunque no muy bien, si mantenidos, mejor, si no lo tienen, el carnet, digo, vayan sacándoselo. Si los chavistas aguantan, por qué no los sanchistas.
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