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El ¿mi?, la alpargata y les patates frites

12 de Diciembre del 2024 - Marino Iglesias Pidal (Gijón)

¿Mi? Una pregunta casi vana, porque la respuesta me vino ahí mismo. Con un mínimo de paciencia hubiera ahorrado el preguntarme.

Debe ser ya la inercia. A mi memoria le queda tan poco que ya no puedo pensar en “el aire”. Necesito escribir para pensar. De lo contrario no salgo del pequeño círculo que contiene mis pensamientos. No puedo seguirles el hilo. Tengo que, constantemente, volver al principio para, de nuevo, ponerme con la madeja.

Ahora mismo me he preguntado: ¿de qué va esto que estoy escribiendo? Y si no lo tengo escrito, pues a ver. A darle vueltas y vueltas tratando de recordar.

La vaina del Alzheimer me tiene acojonado.

Ya. Que debo dar respuesta al “mi” que me hice. Y la respuesta es sí.

Me hice la pregunta confundiendo lo consciente e inconsciente, con lo que, evidentemente, es mío, y lo que también lo es aunque inconscientemente. Porque, ahora que lo pienso, todo ello es mío, en el sentido de que todo ello nace de mí. Todo. El pensamiento que nace de mi voluntad y el que nace sin que ella intervenga.

Lo que me tiene, realmente, intrigado es el porqué de los pensamientos indeseables que me asaltan. Si quiero tener sueños que me hagan bailar sobre una patica, por qué coño no tengo más que pesadillas.

¡Maldita sea mi suerte! Es una maldición que suelto no menos de cien veces al día.

¿Mi suerte? ¿Suerte? ¿Tiene, realmente, algún sentido esta palabra?

“Cada uno se fabrica su propia suerte”. Suele decirse, pero los carajos a los que les llega un euromillón del copón, ¿es porque ellos se lo han fabricado?

Ya podrían decirme cómo.

Racionalmente debo decirme que no es posible fabricarse un euromillón. ¿Simple casualidad entonces? Entonces, también se me viene eso de que “nada es casual, todo tiene su porqué”.

Lo pienso... Y lo pienso... Y me digo: Si pensamos en el origen, todo es casual, porque el origen es lo único que para mí puede ser casual. Entendiendo como casual todo lo que no está determinado por una voluntad.

Ahí están, por ejemplo, sobre un papel, un imán y un clavo, se levanta una ventolera que menea el papel, que hace rodar el clavo hasta el campo de atracción del imán ¡y! pegado a él. ¿Está pegado porque el imán o el clavo lo han querido así?

Ahí estaban, están, la materia, los elementos, los fenómenos... y, en algún momento, se produce la casual circunstancia de una conjunción de elementos y fenómenos que dan origen a la vida, al ser humano. Porque la materia, los elementos... no desembocan en algo porque tengan una causa, ¡ellos son la causa! Y, en el ser humano, se da la, causalmente, casualidad de la conjunción de elementos y fenómenos que originan su inteligencia, y todo cuanto en él acontece.

¿Por qué unos viven cuatro días y otros cien años? “Porque Dios llama a cada uno a su hora”. Sin más explicación, “porque los designios del Señor son inescrutables”.

¡Por favor! ¿No quedamos en que los humanos somos inteligentes?

No puedo evitar la espontánea sonrisa, al venirme a la memoria, a parte de quienes, según, van a irse a vivir a un pueblo donde las calles son de oro, o los que van a ser recibidos por una luz celestial... etc., aparte de todos estos, las tantas “personalidades científicas” que, en Youtube, que es donde yo los tropiezo sin querer, aportan “irrevocables” pruebas de la existencia de Dios, de que seguimos con “vida” después de la muerte... además de que ¡también estamos “vivos” antes de nacer!

Felices ellos que son conscientes de “vivir” este acontecimiento, porque, aunque fuera como dicen, ¿de qué nos sirve eso al común de los humanos, si no nos enteramos de la peli? A los humanos que carecemos de fe, me refiero.

Por ejemplo, a mí. Para mí, una alpargata es una alpargata mientras lo sea, y dará protección a un pie, y despedirá un olor según, y etc. Cuando se espachurra, la tiran a la basura, la mandan a la incineradora, o a donde sea, y pasa a ser lo que sea en lo que se convierta; ¡pero ya no es una alpargata! Y no dará ninguna protección, ni despedirá ningún olor, o hedor. En fin.

El ser humano es su físico. Sí, su físico. Nada más. Que, al igual que el de la alpargata, origina diferentes manifestaciones, condiciones, sensaciones...

El ser humano, ¡el físico que es!, crea la inteligencia, los sentimientos, las emociones, etc. Y cuando el físico carezca de vida, pues, como la alpargata, pasará a ser lo que quiera que vaya a ser, pero, no siendo ya un ser humano, pues, ¡claro!, todo lo que él producía de él venía: pal carajo con él.

Porque, si no tienes patates, cree lo que tú quieras, pero, patates frites no vas a comer. Ok, recuerda su sabor, si te parece, pero, de volver a saborearlas, olvídate.

Triste, ¡pero!...

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