En apoyo de Riopedre
Querido José Luis, ante la imposibilidad de contactar físicamente contigo, quiero aprovechar la oportunidad que me brinda este medio para hacerte llegar mi más sincero apoyo y mi máxima repulsa a la situación tan kafkiana que te toca vivir en este momento en el que, a tu edad, todos tenemos el derecho a gozar de una plácida existencia, máxime tras una dilatada y azarosa vida como la tuya.
Quienes te conocemos y hemos estado algunos años a tu lado no podemos más que manifestar nuestra admiración y agradecimiento a quien ha sido un trabajador incansable y que, independientemente del partido al que representabas y que ahora parece ignorarte, siempre has confiado en todas aquellas personas que para ti respondían con honradez y esfuerzo en su labor.
En mi etapa como secretario de Transferencias Educativas y, posteriormente, una vez asumidas éstas, no pude más que constatar tu desvelo por situar a Asturias en la cota más alta de resultados, dotándola de todos los recursos disponibles y con un afán constante en la mejora del sistema educativo de nuestra comunidad. Aparte de esto, y a nivel personal, me gustaría que la gente conociese algunos pequeños apuntes de tu paso por la Consejería de Educación que ayudarán a entender cómo se hace de toda manera incomprensible la situación que ya hace una semana acapara grandes titulares. Decir a todos:
-Que siempre tenías tiempo para quien, a nivel individual o colectivo, necesitaba exponerte sus necesidades y que tú les dieses respuesta.
-Que nunca te importó el color político de quienes trabajaban a tu lado, siempre que desarrollasen su tarea con dignidad y dedicación.
-Que siempre huiste de lisonjeros, pues sabías bien diferenciar entre paisanos, paisaninos y paisanetes.
-Que siempre que alguien te dejaba algún recuerdo de su visita, te faltaba tiempo para sacarlo del despacho y dejar que los funcionarios se lo repartiesen como quisieran, porque tú no querías nada que diese lugar luego a malentendidos. Aún me acuerdo de aquella caja de bombones que me mandaste distribuir por todos los pasillos de la Consejería hasta que se acabasen.
-Que siempre, aun cuando tu salud estaba en horas bajas, tuviste paciencia, fuerza y juicio para llevar a cabo aquello en lo que creías.
Y, finalmente, decir que me parece fuera de todo lugar mostrar a un ilustre de nuestra comunidad, a quien tanto se le debe, esposado a la salida de un Juzgado. ¿Qué esperaban, que echaras a correr por la playa de Poniente y dejases atrás a las fuerzas del orden?
Sin más, y esperando que sean muchos quienes corroboren mis palabras, me despido de ti, consejero, esperando que pase pronto esta pesadilla y reiterando mi solidaridad y entera disposición.
Jesús Emilio Roces Prado, ex secretario de Transferencias Educativas, Oviedo
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