Las redes no gustan a los políticos y a quienes tenían el monopolio de la opinión
Las redes sociales tienen un alma libre, crean libertad y posibilidad de expresión real, lo que antes era fuente de servilismo y activismo político por parte solo de quienes tenían acceso a medios afines (de un lado y otro) ahora las redes abren el abanico a cualquiera a expresar su opinión y contestación inmediata; eso no gusta a los medios ideológicos, menos a los políticos de todos los signos.
Cuando se teme a las opiniones de la gente, algo se pretende esconder o monopolizar.
Detrás de esa campaña sobre “bulos”, se esconde la censura en toda su pureza, es querer tapar bocas, es pretender coartar la libertad de expresión y opinión. Si alguien daña mintiendo se denuncia, no se amenaza con leyes coactivas impuestas a medida del consumidor con ansias de mantenerse en el poder a costa de prohibiciones y leyes sumamente discriminatorias e intimidatorias. Las leyes deben dejar ese margen de interpretación judicial a las pruebas, de lo contrario no son leyes, son “edictos perpetuos” a medida del pretor político de turno que quiera a base de leyes intimidatorias y discriminatorias ir amordazando colectivos, géneros, críticos, medios, oposición, jueces...
Tenemos la Constitución, Código Penal, Civil, tenemos leyes a repartir, pretender ampliar ese abanico a cada particularidad sin dejar margen interpretativo a jueces es hacer un traje a medida del tirano de turno. Es la censura en toda su esencia al servicio de quien no quiere crítica y fiscalización que pueda poner en riesgo su ansia y afán de poder.
Para este tipo de censor, sobran jueces, juicios y pruebas, él suplirá todo ello (será juez, parte y reparte), se pasará por el forro de su bragueta la división de poderes y la igualdad ante la ley. Indultará y amnistiará a quien le sea útil con la misma indecencia que perseguirá a quien le trate de fiscalizar.
Usará y creará colectivos que serán su coartada para todo su plan, serán sus tontos útiles, les dará ministerios, cargos, subvenciones y verdad y credibilidad ante la ley (la injusticia institucionalizada), al mismo tiempo que a otros les destruirá toda posibilidad de defensa, él hará la ley y la impone a todos. Así se empieza a construir una tiranía sin esconderse de nadie. Dando impunidad a cambio de poder a corruptos, delincuentes y fugados, convirtiéndolos en buenos. Al mismo tiempo que a jueces, medios y críticos los señalarán como los malos. El mundo al revés.
Si se fijaran un poquito, la democracia se tambalea por sumisión general.
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