Perdamos el miedo antes de que nos paralice el terror
Pasó la noche de paz, noche de amor. Por la ventana relampaguean cada vez más cerca fuegos que no son artificiales, fraguados en la deriva fascistoide que recorre Europa ahora atizados por la vuelta al Gobierno del “césar” Donald Trump.
Suenan tambores de guerra y no reaccionamos contra los que quieren traer el negocio de la guerra a las puertas de nuestras casas, como si fuera inevitable, como si no fuera una decisión política.
La parálisis social ante el militarismo pone en alto riesgo derechos sociales y libertades básicas que están siendo puestas a tiro del aparato industrial y militar que manda en los Estados Unidos y que mete mano en esta Europa ombliguista y metastásica por las 275 bases militares que tiene en su seno.
No publicarán esta carta, seguramente. La paz tiene pocos amigos en los medios de comunicación masivos. Pero advertidos estamos de que nos impondrán una economía de guerra que, en lo que dura un bombazo, nos llevará a la ruina en todos los sentidos.
Las medidas previas ya nos afectan: el alza en el precio de la energía, el alza en el precio de los alimentos básicos, la pérdida de mercado para los agricultores españoles por las sanciones a Rusia y la inminente priorización del gasto militar sobre la provisión de recursos para construir vivienda social, mejorar las pensiones, la salud o la educación pública.
Tenemos un fuerte movimiento de solidaridad con Palestina, pero no un movimiento antimilitarista y contra la guerra. Es como si nos hubiésemos contaminado de la subordinación de nuestros gobiernos al imperio y aceptásemos -sin mover un dedo- sus planes violentos.
Los partidos tradicionales europeos solo se pelean por la peccata minuta, pero coinciden en acelerar la demencial carrera armamentística y militar, como si la guerra fuera la prioridad de la sociedad.
En marzo del 2022 el Consejo Europeo aprobó la “Brújula Estratégica” definida como “un ambicioso plan de acción para reforzar la política de seguridad y defensa de la Unión Europea de aquí a 2030. El objetivo de la Brújula Estratégica es convertir a la UE en un proveedor de seguridad más fuerte y más capaz”.
La popular Ursula von der Leyen, estrecha colaboradora de las multinacionales farmacéuticas, energéticas y militares, ha sido reelegida como presidenta de la Comisión Europea y aboga públicamente por “un incremento inmediato del gasto en defensa”.
Ella no irá a la guerra, ni sus hijos, ni sus nietos, pero mete prisa para que nuestros gobiernos sirvan en bandeja nuestra juventud y los recursos públicos, para inmolarlos en el gran holocausto por el que babean los emporios privados que fabrican las armas.
Trémula de la emoción doña Ursula nos llaman a abandonar “la inocencia” y alistar a nuestros hijos para que se hagan matar defendiendo “los valores vitales de Occidente”, la democracia (¿la que llevaron a Chile, Iraq, Afganistán o Libia...?), el libre mercado (que reconcentró la riqueza y extendió la devastación ambiental y la miseria por todo el globo), el respeto por los derechos humanos (solo hay que ver cómo se las traen los ultranacionalistas apadrinados por los EUA en Palestina, por ejemplo...).
La Europa del capital que encendió el ventilador del miedo para aumentar la llama del matonismo posfascista aspira a que nos traguemos su guerra a punta de propaganda, miedo y xenofobia.
Nosotros podríamos por simple supervivencia y por responsabilidad intergeneracional levantar el sieso del sillón y construir el cortafuegos ciudadano contra la guerra, antes de que nos lo quiten todo, antes de que nos paralice el terror.
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