La xana de la fuente enramada
La encontré sentada en el bordillo de la fuente, me ofreció de beber agua en una concha marina que degusté con ansia sin apartar mis ojos de su desnudez nacarada, tenía unos ojos grandes, azules, "mentireiros", que invitaban a sumergirse en su mirada y cual náufrago morir feliz ahogado sin pretender aferrarse a sus pestañas.
Peinaba sus cabellos en la fuente enramada la noche de San Juan con peine de oro, cabellos que cubrían apenas sus pechos y un bucle descuidado tapaba su desnudez inmaculada y escondida.
Me preguntó:
"¿Me acompañas al reino de las xanas?".
Yo ni lo dudé un instante y dije con premura:
"Voy a donde me lleves, no conozco tu reino, pero a tu lado voy encantado por el camino que me digas".
Viajamos los dos con determinación, cual colegiales cogidos de la mano a la aventura, en busca de un lugar, un jardín donde los ríos se llenaban de leche que manaba de dos montañas siamesas y donde pudiera saciar la sed que consumía mis entrañas.
Nos subimos a lomos de los siete colores del arco iris que nos transportó cruzando nubes llorosas cargadas de buenos presagios que nos despedían con retazos níveos y nos depositó mansamente en la orilla de ese río de miel, lácteo y sabroso.
Me dijo:
"Tendrás que renunciar a tu mundo, aquí nuestro mundo es al revés del tuyo. La reina de las xanas es la que tiene todo el poder y su voluntad es la ley".
"Me acoplaré a tus designios, lo que tú me ordenes lo haré, seré un manso corderito que comerá de tu amada mano y jamás protestaré".
"En mi reino, me dijo, las mujeres mandan y los hombres obedecen, así fue desde siempre y aquí el sexo débil es el hombre y jamás se rebelan, siempre fue así desde el inicio de los tiempos".
"Las mujeres nos dedicamos a la guerra y a proteger a la familia. El hombre cuida la casa y los niños les damos a cada hombre un óvulo fecundado y lo cuida con esmero en su regazo hasta el nacimiento del nuevo ser".
Ante su oferta, y mirándola a sus ojos, asentí con júbilo y acepté su propuesta transgresora.
Me sentía raro, pero contento de iniciar una nueva vida en un mundo tan diferente del mío en compañía de una xana de cabellos rubios que me protegía y me cuidaba con mimo.
Os animo a ir a mi pueblo y que bebáis el agua de la fuente enramada donde encontré a mi xana y es posible que os transporte a un mundo maternal, tan distinto, tan diferente del nuestro.
Seguro que a alguno le sentaba bien.
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