Un triste amanecer
Este pasado martes día 25 desperté llorando, pero no era producto de una pesadilla, sino de una dura realidad: la pérdida de un gran amigo, sí, eres tú, Jacobo.
Donde quiera que estés, sólo deseo que hayas encontrado esa tranquilidad y ese sosiego que tanto ansiabas. Tanto soplaste la vela que al final has apagado su llama dejándonos en una penumbra demasiado dolorosa.
Cuando cierro los ojos recorro una y otra vez ese camino de flores aguado con un montón de lágrimas que te acompañaron a tu refugio final, donde te imagino volando sobre ese dragón que siempre te acompañó en tus aventuras.
Por último, quiero expresarte mi más profundo dolor, y es que mi hijo no llegue a recordar al mejor de todos los padrinos. Ese que le iba a enseñar a pescar, a cazar, a jugar al mus y al fútbol, aunque siempre con la camiseta del Barça. Ay, Xaco, si supieras el gran vacío que dejaste...
Y me despido de ti, pero no diciendo adiós, porque para todos nosotros no te has ido, ya que cada uno te llevamos a nuestra manera en nuestro pensamiento. Te queremos, Jacobo.
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