La culpa la tiene mi mujer
Yo no tenía ninguna intención de ponerme aquí, ahora, a teclear ocurrencias, pero, de pronto me llega la mujer, notablemente alterada. -¡Esto no puede ser! ¡Esti mundo ye una locura! ¡Aquí están todos pal manicomio!...
No es que me descubriera nada nuevo, pero bueno, tenía que demostrarle algún interés. -¿Tonces? ¿Qué pasó?
-¡El vestido de la Pedroche...! ¡Búscalo! ¡Búscalo ahí!
Tengo que hacer caso. Cojo el móvil -"...el vestido de Cristina Pedroche... con 8.500 cristales creados a partir de gotas de leche materna cristalizada que son un símbolo de protección...".
Entiendo a mi mujer. Por supuesto que la entiendo. Es casi como entenderme a mí mismo. No tan sencillo como pudiera parecer. Pero, bueno, más o menos... Y claro que mis pensamientos van entre gigantes signos de exclamación. ¡Y si fuera la Pedroche! ¡Solo la Pedroche!
Ya ni siquiera puedo ver una demencial originalidad de esta España "diferente". ¡Es el mundo entero! ¡Es la humanidad en pleno! Yo no me incluyo, ni, por supuesto, incluyo a mi mujer.
De lo que más necesitado está necesitado este mundo, ahora mismo, naturalmente es aquello de lo que absolutamente carece: sensatez.
Y quien tiene por bandera la insensatez, acabará tragado, digerido y excretado por los "valores" que ha creado.
Dicho de otra forma, antes de volver al polvo que fue, será cagada del engendro que es.
Qué pena. La ¡única! especie inteligente, ¿para esto?
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