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Los cambios generacionales

6 de Enero del 2025 - Fernando Vijande Fernández (Castropol)

Esta noche, que es noche de Reyes, voy a reflexionar sobre la vida y la muerte y lo que hemos cambiado en unos cuantos años.

Hace setenta años no existían guarderías ni en los pueblos ni en las ciudades. Los niños y niñas hasta los 6 años no comenzaban a la escuela, en una escuela unitaria en los pueblos pequeños y en los pueblos grandes los separaban por sexos, con maestro (los niños) y maestra (las niñas).

Los niños y niñas estaban en la escuela hasta los 14 años y salían con el graduado escolar, que les habilitaba para empezar a trabajar de aprendices (los niños) o modistillas o sirvientas (las niñas). Los más listos y listas hacían la prueba de ingreso para acceder al Bachillerato y seguir estudiando. No había Formación Profesional.

Hoy como todos sabéis la educación empieza con las "escolías" de 0 a 3 y continúa hasta los 18 años. Tendrían que ser más listos, yo creo que lo son, aunque a veces tenga dudas, pero, seguro que sí lo son.

Los cambios en la educación han sido inmensos. Si a mí me dicen en 1960, que comencé la escuela con 6 años, que esto que escribo lo podríais leer en el momento que lo escribo, diría que es cosa de brujas, que sería imposible, pero ahí estamos con la inteligencia artificial haciendo de las suyas y corrigiendo textos, aunque a mí no me gusta cómo me los transforma, parecen salidos de una máquina sin sentimientos.

Hoy hay cientos de plataformas, gran cantidad de redes sociales y tengo miedo que con los bulos que nos meten diciendo que tenemos desde un gobierno ilegítimo hasta lo bueno que es acostarse a las diez de la noche acabemos sin saber a qué atenernos e igual que las hormigas vayamos todos unos detrás de otros. Hay una técnica que consiste en repetir una mentira mil veces y se convierte en verdad, eso ya lo hacía el ministro de Propaganda de Hitler, pues hoy parecido.

Antes escuchábamos el Parte de las nueve de la noche y para compensar con las puertas bien cerradas y en onda corta la Pirinaica y mezclabas a Franco con la Pasionaria y salía el Emérito.

Hace setenta años, cuando una persona se ponía enferma esperaba todo lo que podía antes de ir al médico (no había médicas). Las vacunas de la polio nos las daban en un terrón de azúcar en la escuela, la viruela con un plumín esgayado en el brazo a los niños y en la pierna a las niñas (nunca entendí por qué a las niñas se la ponían en la pierna, debía de ser para que no enseñaran las piernas de mayores, aunque unos años después una diseñadora británica, Mary Quant, inspirándose en el automóvil mini, inventó y democratizó la minifalda).

Hace setenta años no teníamos Seguridad Social, si tenías un brazo o un pie "escordado" te lo estiraban y lo frotaban con árnica y a correr; si tenías catarro ibas a la farmacia (en mi caso a Vegadeo) y el mancebo te daba tres o cuatro inyecciones de penicilina y estreptomicina y con una jeringa de cristal que se llamaba Eterna (no sé por qué, pues al ser de cristal rompía muy fácil), la hervías junto con un par de agujas y venga a pinchar en la nalga.

Si la enfermedad era más grave y el enfermo no podía moverse había que ir en bicicleta a buscar al médico y sin prisas venía en taxi a tu casa y después de atender al enfermo y tomar la copa de coñac Felipe II correspondiente, y cobraba mil pesetas de 1960. A veces teníamos que pedirlas prestadas.

La gente se moría igual de fácil que hoy en día, pero más pronto, y se achacaba (todos muy resignados) a una corriente, un mal aire, una enfermedad desconocida o al designio de Dios. Dios estaba en todos los sitios.

Hoy en día tenemos consultorios y centros de salud con atención seguramente mejorable, tenemos un hospital comarcal también mejorable, un HUCA con atención máxima y al mismo tiempo residencias para mayores atendidas por profesionales, centros de día en cada municipio, una ley de dependencia que cubre las carencias en atención a mayores, centros para tratar las distintas capacidades de las personas, talleres de empleo, y queremos más y está bien querer más y yo siempre querré lo máximo.

Y ahora para acabar con una sonrisa quisiera volver a tener 20 años, no me dolía nada cuando iba al instituto y no se me ocurría contar estas tonterías.

¿Creéis que podrá ser posible?

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