¿Qué futuro?
El fenómeno más notable este 2024, a pesar de los cierres de empresas, los ERE y los desahucios, entre otros, ha sido la dana y sus consecuencias. Desastre que de catástrofe natural tiene poco. La verdadera catástrofe es la anarquía engendrada por el capitalismo. Las promotoras de la construcción obtienen la permisión de construir no importa dónde y no importa cómo a pesar de las leyes y a cambio de comisiones.
También tienen su parte de responsabilidad la ausencia de las instituciones, tanto estatales como locales. Cuando empezó el covid, el Gobierno central decretó el estado de emergencia a nivel estatal. Le faltó agallas para hacer lo mismo a nivel local en Valencia. No sé si el resultado hubiese sido diferente para los valencianos, pero lo que sí sé es que probablemente el resultado global fuese otro.
Otro hecho destacable de la situación en nuestro país es el auge de las ideas reaccionarias. En un contexto de crisis y guerras, las ideas de seguridad, nacionalismo y xenofobia se están generalizando. Las declaraciones y actos de Vox, sumándoles el seguidismo del PP, contribuyen a esta situación.
También contribuye el contexto internacional en el que el discurso de la extrema derecha parece enracimarse participando o dirigiendo algunos gobiernos. Y en donde la extrema derecha no está aún gobernando sus ideas ya lo están.
La democracia burguesa, que en realidad es una dictadura económica ejercida sobre la clase trabajadora, se está desacreditando y tiene dificultades para imponerse electoralmente a pesar de que la gran burguesía, convirtiéndose en grandes multinacionales, domina la vida económica e impone sus decisiones sobre el conjunto de la población prescindiendo del Parlamento y utilizándolo como una mera cámara de registro. La mayoría de las confrontaciones entre diputados en la Cámara son representaciones teatrales, cada vez más barriobajeras y más alejadas de las preocupaciones de la población.
El famoso "Estado de derecho" es el derecho en el que la libertad existe únicamente para los más ricos. Los pocos derechos de los que disponemos la clase trabajadora, y que últimamente intentan reducir al máximo, muchas veces con éxito, tuvimos que pelearlos y tendremos que seguir haciéndolo. No obstante, la burguesía consiguió confinar a la clase trabajadora en la pajarera dorada de sus instituciones.
A pesar de que se libran algunas luchas locales importantes y a veces victoriosas, la mayoría de la clase trabajadora se encuentra en un estado de resignación. Sin embargo, esta situación puede cambiar de un día para otro. La burguesía sabe que sus ataques, más tarde o más temprano, acabarán provocando una deflagración social que no podrá controlar.
¿Lo podrá la clase trabajadora careciendo de un partido político con la voluntad de aprovechar dicha deflagración para desequilibrar la dominación burguesa?
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