Demasiados frentes para controlarlos todos
Allá por el mes de noviembre, escribía en este foro que "como todos sabemos por las pelis de gánsteres y atracadores, los verdaderos problemas empiezan cuando los facinerosos se reúnen para repartirse el botín..., ahí arde Troya y empiezan los disparos y navajazos, no hay honor entre ladrones..., y eso que Sánchez es un hombre previsor y, por si acaso, ya tuvo la previsión de eliminar el delito de malversación".
A tal efecto, recordemos que la ley del silencio, la omertà o código de honor siciliano, implica «la prohibición categórica de la cooperación con las autoridades estatales o el empleo de sus servicios, incluso cuando uno ha sido víctima de un crimen».
Una vez llegados al punto de convertirnos en una nación a la deriva en un mar de extralimitaciones, abusos y corrupción gubernamentales, Pedro Sánchez se la juega al todo o nada en su lucha encarnizada por "acabar" con los jueces, antes de que los daños sean absolutamente irreparables y se lleven la impunidad que, hasta el momento, le viene protegiendo a él, a su familia y a algunos "colaboradores" que empiezan a dudar, con las implicaciones que suponen las dudas, de la supuesta promesa de impunidad.
Hablando de saberse impune, tal vez tenga algo que ver el registro en el Congreso de los Diputados de la nueva ley del Gobierno para limitar a los jueces, a los grupos de ultraderecha y a las acusaciones populares.
La justificación estaría en la inaceptabilidad de acciones judiciales emprendidas tras noticias aparecidas en la prensa; la necesidad de acabar con un problema "mundial", cual es el de la persecución de los jueces a los políticos que además, dichosos jueces, acosan a intelectuales, científicos, periodista y creadores y, ya de paso, suprimir el delito de ofensas contra los sentimientos religiosos.
Un inaceptable barrido de derechos que empezó por la propuesta de que sean los fiscales (es decir, Sánchez) y no los jueces, los que instruyan las causas..., porque, a ver, "¿de quién depende la Fiscalía, eh?". Pues ya está.
Probablemente a algunas personas les parezca excelente, incluso fantástico, que se aplique esta ley con carácter retroactivo, de manera que se tengan que archivar las causas populares iniciadas contra la esposa, el hermano y prácticamente medio partido de nuestro narcisista presidente. Voy a escribirlo otra vez: "que se tengan que archivar...".
Recordemos que la presencia de la acción popular es un derecho de los ciudadanos reconocido en la Constitución. Y hablando de derechos, es hora de empezar a tocar la conveniencia de eliminar ese privilegio de casta que hace dioses entre los mortales a sus señorías: el aforamiento. ¿No somos todos iguales ante la ley?
A río revuelto, el PP intenta golpear, pero su mesura franciscana lo mantiene lejos de su objetivo, básicamente porque Feijóo no termina de definir cuál es ese objetivo, y, amigo, si no identificas a tu enemigo, no vas a ganar ninguna batalla.
Puede que ni siquiera tengas batallas, o al menos ninguna batalla que importe, hasta que un día te despiertes completamente derrotado.
Saludos cordiales.
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